FE DESAFIANTE I

Lucas 5:12-26

En el capítulo 5, el médico Lucas nos relata dos episodios diferentes donde el Rey Jesús sanó a dos enfermos, el primero de ellos: un leproso con la enfermedad muy avanzada. La lepra, en los tiempos de Jesús era una enfermedad de la piel incurable. La piel se va pudriendo hasta desfigurar el cuerpo de la persona y matarla. Además de ser contagiosa, era muy desagradable, por ello los leprosos eran aislados de sus familias y de la población entera. Tenían prohibido acercarse donde habían personas y cada vez que otra alguien sano se acercaba donde ellos estaban tenían que gritar ¡leproso! ¡leproso! advirtiendo de su mal. Un leproso era despreciado por la gente, pues la enfermedad se asociaba con alguna maldición o un castigo divino por algún pecado. Una persona con lepra era considerada inmunda y era abandonada a su desdicha.

Así era la historia del enfermo de lepra que se presentó delante de Jesús, la Biblia dice que estaba “lleno de lepra”. Jesús iba predicando de ciudad en ciudad en las cercanías del Mar de Galilea y, aunque el escritor Lucas no específica el lugar, podríamos asumir que este hombre enfermo escuchó acerca de lo que Jesús venía haciendo durante las semanas previas: predicando el reino y sanando enfermos. Cuando el leproso se dio cuenta que Jesús iba a ir a la ciudad cercana donde él sobrevivía hizo dos cosas completamente atrevidas en ese tiempo: Primero, se acercó donde habían personas, dentro de la ciudad, algo totalmente prohibido. La segunda acción que hizo y que era totalmente descabellada en la cultura y religión en la que él fue criado, el judaísmo, fue que “se postró con rostro en tierra, diciendo Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Ningún judío se arrodillaría, a manera de expresar adoración, delante de ningún otro hombre, ni llamaría “Señor” a nadie más en la tierra, porque “Señor” se refiere únicamente a Dios.

El leproso hizo dos cosas que desafiaban la cultura y la tradición en la que vivía.

Este hombre había escuchado acerca de Jesús y había puesto su fe, creyendo en Jesús como DIOS y con la total autoridad y soberanía para sanarle, por eso le pregunta a Jesús: “Si quieres”. La oración de este leproso nos da un par de lecciones para nuestra propia práctica de oración.

Primero: Es una frase sencilla y corta, pero que muestra la fuerte convicción del leproso. Él sabía que no regresaría enfermo a su lugar de refugio. Segundo: Somete la respuesta a la voluntad del Rey. No duda por un instante que Jesús puede sanarlo, no es cuestión si puede o no, mas bien es, si acaso Jesús quiere.

No es cuestión de nuestra elocuencia al orar, más bien, se trata si estamos dispuestos a reconocer que la sanidad o lo que necesitamos de Dios es realmente lo que ÉL quiere para nosotros en ese preciso momento. ¿Estamos dispuestos a aceptar la voluntad del Rey Jesús?

Lucas nos muestra lo cerca que el leproso llegó de Jesús: “extendiendo él (Jesús) la mano, le tocó”. La fe de este hombre lo llevó a llegar tan cerca del Rey que manera que Jesús pudo tocarle. ¿Podía Jesús sanarle sin necesidad de tocarlo? Sí, por supuesto. Pero permíteme mostrarte lo que yo puedo ver de Jesús: Seguramente este hombre leproso había pasado muchos años sin que alguien se acercara a él para conversar, mucho menos digamos saludarlo o abrazarlo. Jesús sabía que la necesidad del hombre era tan física como emocional, por eso le toca, no solo le sana el cuerpo, le sana el alma.

No se cual sea tu necesidad de ‘sanidad’ en este momento, pero este pasaje de la vida de Jesús me hace reflexionar en lo siguiente: No importa lo que tengas que desafiar o vencer para venir y presentarte delante de Jesús. Ven, presentante delante de ÉL y reconócele como el único SEÑOR, DIOS. Y luego somete tu petición al Rey, y espera en la voluntad de ÉL. La respuesta de Jesús muestra que él siempre se compadece de nuestra condición, porque él mismo sufrió en su cuerpo las heridas y el desprecio. ÉL sabe bien de tu sufrimiento y soledad. Y lo que más quiere es tu sanidad y que sepas lo valioso que eres para ÉL.

¿Estás dispuesto a desafiar lo que has creído, tu tradición, tu cultura, tu misma incredulidad, para acercarte al Rey Jesús que puede sanar tu corazón?

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