Demoliendo falsedad, edificando sobre la verdad.

A los dos meses de llegar a California, nos hicimos responsables de liderar espiritualmente un grupo de personas que se reunían en una ‘iglesia’ que fue fundada hace más de treinta años. Cuentan los vecinos más antiguos que originalmente fue anglo, y que luego fue cerrada y hace unos veinticinco años volvió a abrir sus puertas como una iglesia latina. Durante ese período experimentaron primaveras e inviernos. Éxito y divisiones. Verdad y falsedad.

No es la única iglesia así, estando aquí escuchas todo tipo de historias alrededor de las iglesias latinas en esta parte de California. Uno escucha de ministerios ‘exitosos y fructíferos’ en las grandes ciudades, pero aquí en medio del Valle Central, donde el 90% de trabajo es agrícola, la historia es totalmente diferente. Hay mucha falta de obreros.

La mayoría de personas de origen hispano provienen países donde la religión tradicional se amalgamó con la superstición o prácticas indígenas. Un ejemplo de esto es “Día de muertos”, recientemente retratado en el cine. Y al llegar y establecerse aquí, las creencias que traían y la religión que practicaban se mezclaron con la local, una especie de protestantismo tradicional pero sin sustancia. Igual que la mayoría de templos que ves aquí, con muchos detalles en la fachada pero vacíos por dentro.

Yo no me gradué de ningún seminario bíblico. Pero desde que tenía doce años me metí en cuanto entrenamiento, cursos y clases bíblicos, congresos, conferencias, lectura estuvieran disponibles y siempre estuve involucrado en el servicio voluntario en diferentes facetas. Ahora es cuando ‘conectan los puntos’, diría Steve Jobs, pues como ‘plantador de iglesia’ estoy aprovechando todas esas herramientas que recibí a lo largo de casi treinta y cinco años.

Es obvio que no soy el mejor entrenado para este trabajo, pero por todo lo que he pasado quizás soy el más testarudo y obstinado para poder resistir en este ‘desierto espiritual’.

Entonces encontramos una población con una mezcla de creencias que se parecen a la verdad, con vocabulario ‘evangélico’, pero que al adentrarte solo compruebas que han tenido una gran falta de una verdadera guía espiritual basada en la verdad que se encuentra en las Escrituras.

Y al hacer un análisis más exhaustivo llegas al diagnóstico que aquí el ‘cristianismo evangélico’ se convirtió en una religión tradicional de ir al culto los domingos y nada más, similar al estado de la iglesia tradicional romana en Centroamérica.

Pero yo también fui desafiado a ser más introspectivo con mi propia fe y, literalmente, tener que demoler algunas aseveraciones falsas con apariencia de verdad que aprendí durante mi vida. Algunas de esas ideas o ‘doctrinas’ son parte de muchas iglesias y organizaciones cristianas hoy en Latinoamérica. Y no es que exista una mala intención al tenerlas, es que simplemente igual que aquí, se han adoptado por tradición o costumbre sin llegar a inquirir más profundamente en el origen y si acaso, son basadas en la verdad de la Biblia.

Así que para iniciar el proceso de plantar una nueva iglesia aquí, nos ha llevado un período de dos años demoliendo falsedades y edificando sobre la verdad.

No es fácil, porque, tal como lo declaramos en nuestro texto lema: “Hablaremos la verdad con amor” . No se puede venir a ‘demoler’ algo falso con golpes nada más. Tiene que ser como una operación quirúrgica, donde el cirujano va a extirpar un tumor pero debe hacerlo con sumo cuidado para no dañar órganos vitales. Enseñas la verdad con amor.

En los siguientes días estaré compartiendo sobre algunas falsedades a demoler y la verdad sobre la que vamos a edificar.

Por hoy te comparto lo que para nosotros es la descripción clara de lo que queremos ser, nuestro texto base:

Efesios 4:11-15

“Ahora bien, Cristo dio los siguientes dones a la iglesia: los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros. Ellos tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios para que lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo. Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo.

Entonces ya no seremos inmaduros como los niños. No seremos arrastrados de un lado a otro ni empujados por cualquier corriente de nuevas enseñanzas. No nos dejaremos llevar por personas que intenten engañarnos con mentiras tan hábiles que parezcan la verdad. En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia”. (Itálicas mías)

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