De náufragos a colonizadores

El primer sacerdote católico que puso pie en tierras salvadoreñas, entonces conocidas como tierras de Cuzcatlán, fue Francisco Hernández, en 1525. Trescientos años después, en 1896, llega a El Salvador el primer misionero evangélico proveniente de los Estados Unidos, Samuel Purdie.

Samuel Purdie llegó en el mes de julio, en sus primeros informes hace un recuento de lo que observó en la tradicional celebración religiosa de agosto en San Salvador, escribe así: “Durante la fiesta, que duró nueve días, ingirieron unos 10,000 cuartos de galón de whisky, y eso solamente en la capital. En el último día es probable que hubiera 30,000 personas que llegaron de afuera de la ciudad, aparte de las 30,000 que aquí residían. La fiesta ha sido una oportunidad para la repartición de muchísimos tratados. Encuentro mucha apertura entre la gente. Las leyes son favorables para todo método de evangelización; sin embargo, hay una lazo muy fuerte de relación entre la iglesia y el estado y la influencia de los sacerdotes es más dominante que en España o Italia… Hasta el momento, no he hablado con una sola persona que alguna vez haya leído la Biblia”. (del libro “100 años de Presencia Evangélica en El Salvador”).

El Salvador, hasta finales de 1800 era un país con una tradición religiosa llena de supersticiones y sincretismo, pero totalmente carente de una instrucción en la fe basada en las Escrituras solamente. La llegada de la fe evangélica, de tradición reformada y protestante y con un fuerte énfasis en la instrucción bíblica, dio inició a la verdadera evangelización.

Algo similar a esa época pasa hoy en los Estados Unidos de América. Sí, el país que envió a Samuel Purdie, Robert Bender y muchos más el siglo pasado con el fin de “evangelizar” a un país previamente “evangelizado” por los colonizadores. Quien piense que los Estados Unidos es una nación “cristiana” está muy equivocado. Basta ver las noticias de hoy día para darnos cuenta que es una nación carnal, mundana y hasta pagana. Es obvio que necesitan con urgencia la luz del Evangelio, del verdadero Evangelio, porque las tinieblas se han desplegado y asentado de costa a costa. El informe de Purdie pudiera usarse, con algunas leves diferencias, para describir el estado de las ciudades en esta gran nación.

La nueva religión en los Estados Unidos es el secularismo individualista. Hay una fuerte oposición en la cultura contra todo aquello que lleve la viñeta de “cristiano”. Y es que al igual que en los países latinoamericanos, la religión “oficial” no ha tenido el mejor comportamiento que se diga. Tampoco se puede ignorar que hay una guerra espiritual entre las tinieblas y el reino de Dios por las naciones. Enumerar las cosas negativas nos llevaría a caer en el pesimismo y este nos llevaría a la pasividad cuando lo que se necesita es una reacción inmediata.

Hace casi dos años llegamos a esta nación, en realidad sin saber a lo qué veníamos. Solo podría decirte que DIOS hizo “levantar una tempestad en el mar” que nos empujó, como unos náufragos, hasta estas tierras. Cuando alguien se enlista en un ejército lo único que tiene que hacer es obedecer e ir donde lo lleven. Poco a poco el Señor nos ha ido develando sus planes. Pero de lo que sí estamos seguros hoy es que el Señor nos introdujo, aunque de manera clandestina, como sus “misioneros”. Como Pablo escribió a los gálatas: “apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo)”.

Y aunque no contamos con el apoyo de ninguna organización terrenal, las “oficinas centrales” del reino de DIOS nos han dado todo el respaldo. DIOS nos ha sostenido milagrosamente, porque la obra es de ÉL y nuestro compromiso también es con ÉL. Por casi ya 18 meses hemos pastoreado una pequeña iglesia, y damos gracias a DIOS por todo el entrenamiento que recibimos a través de los años, aun de las fallas DIOS ha sacado provecho. El Señor nos ha respaldado y hemos podido ver su mano transformando corazones y maneras de pensar.

Volver a leer la historia de la llegada del “evangelicalismo” a El Salvador me da ánimo y esperanza. El trabajo de hoy se cosechará mañana. Nuestra misión, en este desierto espiritual, es volver a sembrar la semilla del Evangelio y regarla, porque el crecimiento lo da DIOS.

¿Hasta cuándo estaremos aquí? Hasta que nuestra misión termine. No hemos venido a perseguir el “sueño americano”, no. El Señor nos trajo aquí para unirnos a su misión por “salvar y rescatar lo que se había perdido” y aquí hay muchos que vagan perdidos por las aguas de las religiosidad supersticiosa o el secularismo ateo.

Como ha escrito el autor Eugene Peterson: “La iglesia local, una colonia del cielo en el país de muerte, una estrategia del Espíritu Santo para dar testimonio del ya inaugurado reino de Dios.” No hemos venido como conquistadores, pero sí como servidores del Rey que ya lo conquistó todo en la cruz!

Si alguna vez te recuerdas de nosotros te rogamos que nos lleves en tus oraciones.

Un abrazo a cada uno que lee!

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