Las buenas historias siempre son las historias de amor…

Mi papá y mi mamá celebraron ayer 51 años de matrimonio, tres de los cuales han sido a distancia desde que él fue llamado por el Padre…
Mi papá se entregó a Jesús cuando yo tenía once años, antes de eso nunca lo vi profesar ningún tipo de fe, nunca me habló de Dios ni siquiera una historia pequeña, no se si de verdad él creía en Dios, su niñez y juventud fueron muy duras, tuvo un padre quien lo abandonó muy pequeño y contra quien guardaba odio. Supe de eso al escucharle contar su testimonio mucho después.
Creo que cuando él se entregó a Jesús era una especie de “ateo”, pues su vida reflejaba en ese momento una total lejanía de Dios. Un año antes mi madre fue invitada a una iglesia bautista (ella fue criada celosamente como católica) donde conocimos a Jesús. Mi padre no quería visitar la iglesia, era reacio y pienso que no quería saber nada de Dios.
Había tensión entre mi padre y madre por aquella época, eran los inicios del conflicto civil y él recibió amenazas de muerte por causa de su participación como líder del sindicato de la compañía de seguros donde trabajaba. Buscó refugio bebiendo cada día al atardecer, ahora pienso que con el fin de no sentir nada si lo llegaban a buscar por la noche a la casa (era común en esos días que personas eran sacadas y asesinadas por motivaciones políticas). Pero mi madre siempre estuvo allí con él, y lo apoyó y seguramente oraba por su salvación, y por toda la familia. Nunca vi que ella se rindiera o derrumbara en esos momentos de incertidumbre. El gobierno militar del país había decretado “ley marcial” y “toque de queda” a partir de las seis de la tarde, eso significaba que nadie podía andar en la calle después de esa hora so pena de muerte. Mi papá, previo a su encuentro con Jesús, al llegar de trabajar se iba a una pequeña tienda cerca de la casa a beber. Mi madre me enviaba para llevarlo a casa con suplicas justo minutos antes de la hora prohibida.
Y Jesús salió a buscar a mi papá y lo encontró y le transformó la vida, y por consiguiente, la de todos nosotros.
El día que él se puso de pie en señal de abrir su corazón a Jesús en la iglesia yo estaba sentado a su lado. A partir de esa hora se entregó completamente a Cristo, y nunca más, desde entonces dejó de enseñarnos, animarnos y alentarnos a seguir al Señor. Nos habló más con sus actos que con sus mismas palabras.
Mi madre nunca dejó caído a mi papá, ni en los peores momentos. Su fe en Jesús sirvió para desafiar con amor la dureza del corazón de mi papá.
La historia de amor de ellos solo es superada por la historia de amor de Jesús y es que el amor de Cristo se convirtió en el adhesivo más potente entre ellos dos, tan fuerte que perdura más allá de la distancia y el tiempo. Esperando la reunión eterna.
Yo también celebro que mi papá y mi mamá se siguen amando con el amor eterno que solo Cristo da y que ese amor nos sigue manteniendo unidos como familia al Rey Jesús.
No te desanimes si alguien en tu familia parece tener un corazón duro, para Jesús nada es imposible, porque “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” y ÉL ha puesta la suya por ti y por la de tu familia.
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