Derrotados por nuestra codicia

Israel acaba de destruir la ciudad amurallada de Jericó, la primera en el mapa para tomar la Tierra Prometida. Josué, capítulo 7 nos relata la derrota que el pueblo escogido sufre ante la no tan poderosa ciudad de Hai. “No hagas cansar a todo el pueblo subiendo allá, porque ellos son pocos” (Josué 7:3) le dicen los exploradores que Josué envió antes.

Nuestras victorias dependen de nuestra cercana relación con Jesucristo, y el pecado nos separa, nos aleja y por consecuencia provoca nuestras derrotas.

Eso fue lo que le sucedió a Israel, Acán pecó contra Dios y el pueblo (Josué 7:1) al codiciar y tomar para sí una barra de oro, unas monedas de plata y un manto babilonio y ocultándolos en el suelo de su tienda.

La orden de Dios había sido muy clara “Guardaos ciertamente de la cosas dedicadas al anatema (destrucción), no sea que las codiciéis y tomando de las cosas del anatema, hagáis maldito el campamento de Israel y traigáis desgracia sobre él. Mas toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, están consagrados al SEÑOR, entrarán en el tesoro del SEÑOR.” (Josué 6:18-19)

En nuestro caminar en Cristo, como “peregrinos y extranjeros” hacia la TIERRA PROMETIDA, el SEÑOR nos pide que nos consagremos dedicando lo más valioso que tenemos, oro y plata, a su servicio. Obviamente DIOS no está interesado en meramente oro y plata, sino en lo que cada uno de nosotros valora más en la vida, y ¿qué podría ser sino nuestra vida misma? El SEÑOR nos quiere a todos a “tiempo completo”, no solo a unos cuantos. DIOS no quiere asalariados a su servicio, ÉL busca adoradores que estén dispuestos a ser sus esclavos, o siervos o servidores como leemos en nuestra traducciones modernas del Nuevo Testamento.

También el SEÑOR quiere que apartemos de nuestra vida de o destruyamos todo lazo con el mundo. Babilonia representa la vida mundana, y el manto representa algo que nos envuelve, el escritor de Hebreos nos dice “Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,”. (Hebreos 12:1)

Es de notar que Acán había ocultado o escondido lo que había codiciado y tomado para sí, de la misma manera el ser humano pretende esconder de otros su pecado pero ante DIOS nuestras faltas no pueden taparse, por mucho que las “enterremos” a la vista de los demás. Luego que el pecado fue erradicado del pueblo éste volvió a disfrutar de la victoria.

La invitación es a erradicar, desenterrar, sacar de nuestra vida todo aquello que nos amarra al sistema del mundo y que debe ser destruido y lo que debe ser consagrado al servicio del SEÑOR debemos devolverlo para que cumpla el propósito para el cual fue destinado. En tu caso y el mío, que nuestras vidas sea completamente dedicadas al reino de DIOS y su justicia.

La codicia nos aparta de la verdadera victoria, por un momento nos hace sentir que “tenemos o poseemos” algo pero en realidad solo comprueba nuestra pobreza y nuestra necesidad real.

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