“Destruid ‘este’ templo”

Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Juan 2:19-21

La religiosidad de los judíos fue sacudida una mañana de un día de Pascua en Jerusalén. Era la celebración patriota-religiosa más importante del pueblo de Judea, y el templo estaba lleno, pues miles viajaban de lejos en peregrinación a fin de presentarse y cumplir con la tradición. El bullicio de personas, bueyes, ovejas, palomas, monedas circulando de una mano a otra, vendedores ofreciendo sus “productos” a la entrada del templo. Aquel edificio siempre fue considerado un símbolo sagrado para Israel, la casa de DIOS.

Llega Jesús, aquel Jesús amoroso, manso y humilde, entra y al ver tal escenario hace un azote de cuerdas y echa fuera todos, a todos incluyendo a los animales ¿puedes imaginar esa escena donde no uno, sino decenas de animales corren ahuyentados por las escalinatas del atrio? ¿aquellos animales que los “adoradores” usarían como ofrendas? Los cambistas tenían sus “ventanillas” abiertas para cambiar las monedas procedentes de las diferentes regiones de los peregrinos por dinero que podía usarse para comprar las “ofrendas”. Jesús se halló en medio de un mercado en vez de un lugar de adoración. El lugar más sagrado de Israel ahora convertido en un centro comercial religioso. Y Jesús sacó las “ofrendas” y el dinero del templo.

La reacción del Maestro provocó el enojo de los religiosos judíos. “¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto?” Y Jesús les responde con algo más duro de escuchar para ellos: “Destruid este templo”. ¡El templo sagrado! Los judíos cegados por su religiosidad sin ver que frente a ellos estaba la verdadera razón de existir del templo le respondieron hablando de la complejidad con la que el edificio había sido construido, cuarenta y seis años llevaba y aun faltaba por terminarlo. Pero los discípulos de Jesús comprendieron otra cosa: Jesús hablaba de su cuerpo, el verdadero templo para adorar al DIOS de Abraham, de Isaac y de Jacob. “Mas él hablaba de su cuerpo” dice el versículo veintiuno del mismo capítulo de Juan.

Es fácil desviarse de adorar a DIOS por adorar los medios que nos sirven para ese fin. Los religiosos se enfocan en las reglas, los discípulos en la persona de Jesucristo. Poner demasiada atención a lo terrenal, aun lo que llamamos “consagrado” a DIOS, por sobre la persona de Jesús es totalmente equivocado.

Pero hoy día es triste ver que muchos grupos religiosos prefieren pelear y dividirse por “proteger” sus sistemas de adoración que porque el Evangelio sea predicado y anunciado por doquier. Los medios son para ser usados no para ser adorados.

El “templo” no es lo que importa, Jesús es el verdadero templo donde podemos encontrarnos y reunirnos con el Padre.

Jesús nos invita a poner la mirada en ÉL y no en las cosas de la tierra, aun si estas son cosas o lugares “sagrados” que por tradición son “indestructibles”. No se puede comerciar con la adoración y nosotros la hacemos un “producto” cuando anteponemos nuestra propia voluntad por sobre la voluntad del Rey Jesús.


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