El poder aplastante del amor de Jesús

La figura de un crucificado sufriendo la muerte más cruel que cualquier ser humano pueda soportar podría entenderse como el acto más humillante de parte del poderoso imperio romano. No era un judío cualquiera quien colgaba de aquella cruz, era un descendiente directo del Rey David, por tanto, un heredero en firme para ascender al trono de aquel recordado y admirado líder que llevó al pueblo de Israel a sacudirse el dominio de los filisteos. Aquel jovencito rubio, pastor de ovejas y músico que con una sola piedra derribó al paladín gigante que se atrevió a desafiar a los “escuadrones del Señor”. Aquel “fallido” rey clavado al madero podía haber usado su derecho  all trono contra el usurpador Herodes y así encabezar una revuelta sangrienta para “restaurar” el reino a Israel.

Pero en lugar de usar la fuerza de la violencia, el poder de la espada, el castigo sanguinario contra un opresor implacable decidió optar por un camino muchísimo más “violento”: el amor. El arma que blandió durante sus tres años de “campaña” fue el amor. “Amarás a Dios… y amarás al prójimo” y allí, desangrándose en la cruz, dejó caer todo el poder de su eterno e incomparable amor por la humanidad. Porque la esencia misma de DIOS es amor, “DIOS es amor” escribió el apóstol “más” amado por Jesús.

Y no hay poder más grande que el aplastante peso del amor verdadero, del amor que procede de DIOS mismo. Que “cubre multitud de faltas”, que restaura familias, que consuela al abandonado y al marginado.

Y lo contrario al amor no es el odio permíteme proponerte, los evangelios nos cuentan que el “legalismo” de una religión que decía representar a DIOS mismo fue lo que finalmente “llevó” a DIOS mismo a la cruz. Porque el “legalismo” o religiosidad se disfrazan de amor, cuando en realidad lo único que pretenden es controlar al ser humano por el temor y la fuerza.

Por ello Jesús en su “última” cena con sus discípulos les remarcó que serían reconocidos como “seguidores” de ÉL si “se amaban unos a otros”. Porque la marca de un verdadero seguidor, de un discípulo de Jesucristo es el amor a DIOS por sobre todas las cosas, pero también el amor al prójimo. ¿Quién es mi “prójimo”? preguntará seguramente un “religioso legalista” hoy día al igual que le preguntaron a Jesús.

En un mundo donde cada quien corre a lo suyo propio es necesario que aquellos llamados a ser luz y sal iluminen donde hay tinieblas, e impregnen el sabor del cielo donde caminen.

Acepta este desafío: Toma tu cruz y sigue cada día a Jesús, la cruz representa el amor hacia DIOS mostrado en la obediencia al renunciar vivir según nuestra voluntad y vivir según la de ÉL, pero también amor a la humanidad al “soportar” sus fallas.

Si eres discípulo de Jesús, “sube” a la barca y vayamos con el Maestro en esta travesía temporal por esta vida, y por toda la eternidad en su presencia.


Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s