Santos y Mártires

A finales de los 70s, en un remoto caserío ubicado en las faldas de los cerros que rodean Nueva Concepción en Chalatenango, en una zona colindante con Santa Ana, un grupo de guerrilleros apoyados por los gobiernos ateos, anticristianos y comunistas de Cuba y la Unión Soviética se ubicó frente a la pequeña capilla de aquel pueblo con el fin de ejecutar públicamente al pastor de la única iglesia de ese sitio, que había sido fundada décadas atrás por los primeros pobladores de ese asentamiento. El predicador había nacido y crecido en ese mismo lugar, casado y padre de una niña, que muy joven había asistido al seminario para cumplir los estudios requeridos para poder ejercer el ministerio estaba ahora con su cabeza contra el suelo y en su sien ya sentía el frío cañon de un AK-47 sostenido por un encapuchado a punto de halar del gatillo para acabar con el “peligroso” enemigo que recién había sido arrancado violentamente de su casa.

Por la intervención divina y del padre del pastor, un agricultor sencillo y muy amigable, se logró evitar la desgracia que se avecinaba.

Lamentablemente no fue así para muchos otros pastores y evangelistas de las zonas rurales de nuestro El Salvador, que al principio del conflicto bélico ocasionado por la agresión comunista, fueron cobardemente asesinados por estas hordas guerrilleras que pululaban la zona aterrorizando a sus habitantes.

No hay bustos ni monumentos, ni calles ni aeropuertos nombrados en honor a esos servidores del Evangelio, porque las cámaras y plumas de los medios de comunicación no frecuentaban aquellas montañas ni valles. Porque posiblemente la causa de aquellos hombres y mujeres no servía para los fines políticos de los grupos que, hoy en el 2015, ostentan el poder en el gobierno.

Pero son santos y mártires también. Y nos invitan, a todos aquellos que hemos escuchado el verdadero Evangelio, a seguir su ejemplo en medio de estos tiempos cuando se idolatra al hombre y al estado y se ignora al verdadero DIOS.

Vivamos nosotros, los seguidores del DIOS tres veces Santo, para proclamar y demostrar el Evangelio aun a costa de nuestras vidas, apartándonos de la mundanalidad y el humanismo, dispuestos a ser santos y sacrificarnos día a día por la causa justa del Evangelio del reino de DIOS.

Con la ayuda de DIOS quizás podamos algún día despedirnos de este mundo como santos y mártires para dar la gloria al único digno de venerar y adorar, EL SEÑOR, DIOS DE ABRAHAM, ISAAC E ISRAEL.


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