¿Creyentes y discípulos? o ¿Discípulos – creyentes?

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“Discipulado”, ¿qué es el discipulado para la Iglesia? ¿Un programa para el crecimiento espiritual? ¿Un ministerio especializado para algunos pocos? ¿La nueva vida que un nuevo creyente debe tener en Cristo? ¿Cuáles son las diferencias entre creyente y discípulo? ¿Son dos cosas diferentes: creyentes y discípulos?

No pretendo darte una “cátedra” sobre el discipulado, existen miles de textos literarios sobre ese tema, programas y cursos, ministerios, iglesias, etc. Hay expertos maestros en discipulado. Pero quiero señalar un punto que, en la mayoría de casos, se pasa por alto:

Ser creyente es ser discípulo, nadie es creyente sin ser discípulo.

Y no voy a ponerte un texto bíblico para respaldar esta afirmación, eso sería quitarte la oportunidad que tomes la Biblia y re-leas, sin ideas preconcebidas, los Evangelios y el libro de los Hechos, además que tampoco soy ningún maestro ni predicador.

Hoy día hacemos diferencia entre los que han creído, es decir aquellos que hicieron una “profesión de fe”, y los que dan un paso más adelante para tomar un curso extra para crecer en su caminar con Dios. A los primeros regularmente se les llama por lo general “creyentes” pero a los segundos se les denomina “discípulos”.

La Biblia no hace diferencia entre ambos, no hay una “etapa uno” o una “etapa dos”. Quien reconoce, por medio de la fe, que Jesús es el Cristo, se convierte en un discípulo del Maestro para aprender a vivir en la dimensión del reino de Dios.

Jesús comisionó hacer discípulos, es obvio que Él tenía en su mente que todo aquel que dicidiera por seguirle lo haría como un discípulo, por ello el bautismo era importante, porque era un testimonio público, como lo sería la firma de un acta matrimonial o una juramentación para adoptar una ciudadanía, de que el nuevo creyente escogía el camino de Cristo, como un discípulo.

El problema ahora es que cuando se invita a una persona a “recibir a Cristo” nada más se le ofrece la “salvación” para ir al cielo, pero la salvación de nuestras almas está ligada a nuestro desición de seguir a Cristo, a ser sus discípulos. El arrepentimiento es un cambio de dirección para toda la vida, dejamos de vivir para el mundo para obedecer el llamado del Rey.

Es diferente invitar a una persona a “recibir a Cristo” para ir al Cielo, que invitarle a dejar su manera de vivir y pensar, para ir en pos de Cristo cada día.

Independientemente del método que se use para ayudar a cada persona a crecer día a día, éste debería comenzar desde el día cero de su “nuevo nacimiento”, no comienzas a alimentar a un bebé ni a educarlo cuando ha crecido un poco o cuando el infante decida comer o recibir educación. Tampoco lo nutres solo con darle un biberón, hay mucho más que hacer que dar una “lata” de cursos semanales, el acompañamiento, la vida en comunidad, el cuido y la relación es vital.

Muy pocas veces tuve la oportunidad de conducir el tiempo de “invitación” al final de una predicación, lo normal hubiera sido hacerlo como siempre lo escuché hacer desde pequeño, pero el convencimiento que Cristo es más que ir al Cielo, es más que un escape del infierno, que Jesús es la Vida misma para hoy día, que es el Rey Eterno que debe ser obedecido, temido y seguido, me hizo reflexionar que deberíamos invitar a la gente a ser discípulos de Cristo por quien es Él antes que por lo que podemos recibir de Él.

Decidir ir en pos de Cristo, escoger Su camino, abandonar el nuestro, traerá como resultado la salvación eterna, el perdón de pecados, la sanidad, una vida plena, todo esto y más está implícito.

Nada de lo que hagamos puede acercarnos a Dios, lo que Cristo ha hecho es totalmente suficiente para hacerlo, por ello nos invita a venir en pos de Él y seguirle. Porque nuestro destino final ya está definido si hemos recibido la gracia de Dios por medio de la fe en Cristo, lo que nos queda es caminar siguiendo al Maestro hasta llegar a la meta final.

La Iglesia la conforman los creyentes-discípulos. Hay muchos “simpatizantes” cada domingo sentados esperando “ver” los milagros de Dios. Los creyentes-discípulos se sientan cada día a los pies del Maestro para ver al Dios que hace milagros.


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