Haciendo “conexión” con Dios usando métodos meramente humanos

Una nota personal antes:
Agradezco a quienes están pendientes de nuestra familia. Dos meses y medio aun sigo sin empleo todavía pero esperando en Dios y su fidelidad. Cabe aclarar, pues he descubierto que algunos tienen una información incorrecta, que yo NO renuncié al ministerio que tenía en la iglesia, sino que fue todo lo contrario. Cuando se me hizo el “llamado” al ministerio hace seis años renuncié, no solo a un empleo en publicidad, sino a una carrera que tenía formada, para dedicarme para siempre a cumplir el llamado. Valga la aclaración, pues no me retiré por volver a la publicidad, nunca hubiera aceptado la invitación al ministerio sino hubiera estado seguro del respaldo de Dios. Muchas gracias por orar por la provisión de Dios para mi familia. Les amamos a todos!

Hay un peligro que se corre cuando se busca ofrecer a la gente un medio para “conexionar” con Dios que no sea la misma persona de Jesucristo.

Muchos líderes cometen el error (me incluyo sin serlo actualmente) de creer que será un determinado estilo musical o la selección de cantos, un “mood” producido por la ambientación, por la manera de vestir o hablar, por la elocuencia de un predicador, por el protocolo, la liturgia o la multimedia, dentro de un servicio religioso, etc, todo lo que sea “bueno” que hará que los asistentes “conexionen” con Dios.

No hay nada que el ser humano pueda hacer para lograr ese objetivo. Si hubiera algo entonces estaríamos hablando de que hay otro “mediador” entre Dios y los hombres aparte de Jesucristo.

Ningún ser humano puede, por muy hábil comunicador o por muy talentoso director de alabanza que sea, lograr eso. “Conexionar” a los hombres con Dios es una tarea única y exclusiva del Espíritu Santo, y soberanamente Él determina cuando esto sucede.

No depende del tipo de adoración ni de la lista de cantos como muchos creen. Tampoco de la parafernalia “broadwayana” que hoy día ha invadido nuestros cultos. El único que puede conectarnos verdaderamente con Dios es el Espíritu Santo,

El Evangelio de Juan, en el capítulo XVI nos dice en los versos trece al quince:
“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.”

Quienes hemos dirigido adoración solemos cometer un error que, en el Antiguo Testamento costó la vida a los dos hijos mayores de Aarón, Nadab y Abiú, o las de Uza y Ahío, ambas parejas “metieron mano de hombre” en dos episodios diferentes pero relacionados con el Arca del Pacto, que representaba la presencia de Dios en medio de su pueblo.

Dios no necesita nuestra intervención ni ayuda para manifestarse a su pueblo, no nos equivoquemos, ningún ser humano puede conducir a otro a la presencia de Dios, esa es la labor de Cristo y del Espíritu Santo.

Quizá habrá quien descubra una fórmula para hacer llegar más gente a un culto, llenar un auditorio y por una hora y media o dos logre “motivar” a la gente para inclinar su corazón a Dios, pero nadie más que el Espíritu Santo puede hacer esa obra completamente perfecta, muy a pesar del estilo de música o la ambientación que se use.

Es más podría no haber música en un culto, ni luces, ni buen sonido, ni nada de lo que hoy día se usa para que “sea un culto” y aun asi el Espíritu Santo puede hacer que la gente “conexione” con Dios.

El relato bíblico de Elías en la cueva nos puede ayudar a entender que Dios usa el “silbo apacible” para manifestar su presencia. Debería esto hacernos reflexionar si acaso estamos dispuestos a esperar a Dios en el silencio, en la soledad de una cueva, contrario al “bullicio” que hoy día se genera en muchos lugares, que en muchas ocasiones, no siempre, es mero emocionalismo. Y el “emocionalismo” no es exclusivo de las iglesias carismáticas o pentescostales como muchos han hecho creer.

Cuando hay intervención humana para lograr “un buen culto” es momento de reflexionar si acaso se está recurriendo a métodos y estrategias de “motivación” y que se ha usurpado el lugar que el Espíritu Santo debe tener y se ha perdido el enfoque en quien realmente hace “conexionarnos” con Dios.


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