Sí existe un modelo…

Siempre he pensado que así como el referente perfecto para todo creyente es Jesucristo, para la Iglesia lo es la comunidad de cristianos del libro de Hechos. Y es que por más que nos excusemos que eran otros tiempos, otro contexto, otra cultura, otra dispensación (una enseñanza muy poco fundamentanda en las Escrituras), etc, el modelo de la iglesia hoy día debe ser la Iglesia de los Hechos.

Es cierto que jamás nadie encontrará la iglesia “óptima” pero, si somos honestos con nosotros mismos, lo que tenemos en la mayoría de casos es una iglesia nada más de palabra y no he “Hechos”. Por supuesto que no se debe generalizar, existen comunidades que viven como tales.

Asistí a un culto de una iglesia por primera vez cuando tenía diez años de edad, y desde muy jovencito comencé a servir en los ministerios juveniles y en la música, aun cuando en esa “arcaica” época no existían los ministerios de alabanza como tales. Así que creo que tener un “poquito” de bagage para hablar de este tema. Ya que no solo asistía sino que siempre era parte activa.

He visto muchas cosas no buenas suceder dentro de la iglesia, la verdad nada me asusta ya y nada de lo que me pase o suceda a otros cambiará mi manera de pensar acerca de la Iglesia (como Cuerpo de Cristo, no como una organización o entidad con nombres y apellidos). Y es que la Iglesia es la comunidad de los que han reconocido a Jesucristo como Señor. No le agregues ni añadas más. Basta revisar el libro de Hechos para saber como debe ser una Iglesia hoy día.

Te doy algunas marcas que hallarás, si de manera honesta y sin prejuicios denominacionales, lees el libro de Hechos.

1. Era una iglesia que oraba sin césar. ¿Cuánto tiempo para orar dedica tu iglesia local durante la semana o durante el mismo servicio?

2. Era una Iglesia donde “no había ningún necesitado”. Todos compartían lo que tenían, vendían propiedades para darle de comer a quienes no tenían. Muchos predicadores de hoy día piden dinero para “el ministerio” olvidando que el “ministerio” es, precisamente, ayudar al necesitado, no solo con el “pan espiritual”. Los apóstoles habían aprendido de Jesús la importancia que tenía para Él proveer para quienes le siguen.

3. Era una iglesia que enseñaba la Biblia porque esta revela a Cristo. Los faríseos era maestros entrenados para enseñar las Escrituras, pero obviaban la parte importante: Apuntar a Cristo. Usaban sus enseñanzas como una forma de controlar al pueblo a fin de ejercer el poder sobre ellos. La Biblia trata de Cristo, punto! Puedes enseñar principios de vida con ella, pero sin Cristo como elemento principal quedará nada más como un buena disertación sobre moralidad. Un buen sermón no es que demuestra cuan hábil es un predicador para “interpretar” un texto bíblico, el mejor sermón y el que debe ser predicado en cada momento que la Biblia es abierta es aquel que conduce a Cristo. Era la vida de Pablo anunciar a Cristo, era la vida de la Iglesia.

Si un predicador usa más del púlpito para enseñar buena moral pero sin apuntar a Cristo entonces será nada más eso, una buena clase de moralidad.

Cristo es el centro de la Iglesia, así lo vivía la iglesia primitiva, eran capaces de afrontar cualquier desafío porque sabían que Cristo lo había hecho.

4. Una Iglesia valiente. La iglesia de Hechos siempre estuvo dispuesta a padecer por causa del Rey, sufrieron la persecución, la desaprobación de los suyos, el rechazo de la sociedad. Renunciaron a la comodidad de la vida, no era un sacrificio “nominal” sino real. Muchos ostentamos haber hecho el sacrificio de “vivir por fe” pero realmente en la práctica vivimos más por nuestros estomagos que por la causa del Evangelio.

Y por último, una Iglesia llena de amor, vivían por el amor que se tenían, amor nacido en Dios, amor por todos sin distinción de clase social o posición económica. Todos eran incluídos, los nobles y poderosos, los pobres e iletrados. Todos eran cuidados de la misma manera, sin acepción de personas. Una iglesia que solo apunte a alcanzar sectores específicos por el rédito que genere, aun cuando sea para el ministerio, no es ni por cerca lo que Jesús tenía en mente para su Cuerpo.

No se necesita tener el contexto de la Iglesia de Hechos ni estar en esa “dispensación” para ser como ellos, basta con ser obedientes al Rey y permitir que el Espíritu Santo, no nuestras habilidades ni ambiciones personales, conduzcan el rebaño de Jesús.


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