Casas de Luz

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La palabra que se usa para designar a “faro” en Inglés es “lighthouse”, compuesta de “luz” y “casa”, traducido literalmente es “casa de luz”. Me gusta esta definición del idioma anglosajón, ya que nos da una idea más clara de lo que es un “faro” a la primera impresión. Faro proviene del nombre de una península en el Mar Mediterráneo que daba albergue a la “casa de luz” más antigua conocida, el Faro de Alejandría en Egipto.

Los faros servían para guiar a los barcos durante las noches y alertarlos de la cercanía de aguas poco profundas, a la vez de que estaban próximos a la costa, arrecifes peligrosos, entradas seguras a puertos, y esto en muchas ocasiones, podría salvarles la vida a los marineros.

La definición en inglés me hace pensar en que nuestros hogares deben ser estas “casas de luz” para aquellos “navegantes” de la vida que, bogando por el mundo, atraviesan tormentas y ciclones que los hacen perder el rumbo y deambular sin saber a que puerto dirigirse.

Las “casas de luz” no sirven si no tienen luz, pueden ser una casa en un lugar estratégicamente perfecto para la visión pero si no tienen luz para guiar, sera inútil.

Estas “casas” o torres estaban ubicados, en su mayoría de veces, en lugares peligrosos, donde las olas dan con todo impetú en las horas de tormentas y ventarrones. Significa que una “casa de luz” no está tampoco excenta de los peligros del mar – de la vida -, existe un riesgo que se corre si uno quiere ser luz para el mundo.

Las “casas de luz” requieren del combustible o energía para iluminarlas, en la antiguedad el aceite era usado para la combustión de las lámparas, la Biblia dice el aceite representa al Espíritu Santo, que Jesucristo mismo prometió, quiere decir que debemos buscar diariamente, como lo hacía el sacerdote en el tabernáculo de reunión, que nuestras lámparas tengan aceite, el Espíritu Santo no se acaba, pero nuestros depósitos pueden vaciarse sino buscamos la “llenura” del Espíritu Santo. Hay quienes enseñan, erradamente, que no necesitamos ser “llenos” porque ya fuimos “llenados” al momento de “recibir” a Cristo (¿o que Cristo nos recibiera a nosotros?), pero las Escrituras claramente nos muestran que una vida alejada de Jesús no produce frutos, no produce luz.

Dispongámonos para ser esas “casas de luz”, la iglesia local es uno de los principales faros de vida, pero nuestros hogares también deben serlo, porque el mundo es un “mar engañoso y traicionero” y debemos ser guías hacia el “puerto seguro” donde “anclamos” el alma, es decir, en Cristo.


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