Cosa de hombres…

Me parece cómico, y me causa risa, pero al estar haciendo algo en la compu escuché que comenzaba a llover, mi sentido del oído me alertó que revisará en el patió sino tenía ropa tendida aún, y en efecto habían un par de prendas, ese por ahora mi nuevo “estilo de vida” y mi nuevo “encargo ministerial”.

Y es que ahora debo ocuparme de alimentar a mis hijos, que tengan su ropa limpia, mi rutina es la de un “amo de casa”, levantarme a las 5:00 am a preparar desayuno y refrigerio, y luego llevarlos temprano al colegio, es risible porque de trabajar los visuales para las series de predicación, para piezas de comunicación, encargarme de las redes sociales, preparar los programas de cada culto para cada sitio, elegir la música a usar para los tiempos de alabanza, etc, ahora mi trabajo se reduce los quehaceres de la casa, y aunque podría parecer de menor importancia y sé que es temporal mientras mi esposa regresa y yo encuentre un trabajo en publicidad o medios, nunca había reflexionado que es más significativo para mis hijos que me vean al cuidado de ellos como lo he hecho estas 4 semanas pasadas. Jamás me había puesto a pensar que pudiera ser un chef exitoso del mejor restaurante del planeta y valorar más la opinión de la demás gente que la de mis propios “comensales” en casa. 

Y no es que yo haya caído en cuenta de esto y por ello me he dedicado a hacerlo, todo ha sido circunstancial por supuesto, pero no pudo haber sido una mejor lección para mí. 

Y es que en nuestra cultura, el hombre se dedica más a las tareas “grandes”, aquellas que tienen que ver con “más gente”, “más responsabilidades”, “éxito humano”, logro de “objetivos y metas”, las cosas “más visibles por las cuales somos tan admirados y halagados”.  Es obvio que por hacer la limpieza en casa, o cocinar en casa nadie nos halagará. Alguna ves hemos dicho a nuestras esposas: ¿ “¡Qué hermosa se ve la casa limpia!”, “¡Qué bonito se ven los trastos limpios todos los días!”, “¡Wow! ¡la ropa se ven tan limpia!” ? ¡No! ¡No sucede! al menos en mi mundo no, nos gusta escuchar que la gente diga: “Qué bien sirves hermano”, “Qué tremendo tiempo de cantos”, “Qué buen -ponle lo que quieras-“. Porque valoramos más las cosas “que se ven” que aquello que nunca nos damos cuenta.

Tampoco estoy escribiendo esto para que los halagos vengan a un hombre que al fin “le amanece” y toma sus responsabilidades evadidas por tanto tiempo en los quehaceres de la casa. A mí me sirve esta experiencia nueva para reflexionar que es lo más importante para mí, y sin duda, es lo que opinen mis hijos de su padre.

¿Qué opinan tus hijos de ti querido padre que lees? Posiblemente que eres un buen profesional, que eres un buen líder para los demás, etc, sí, y quizá apartes algún tiempo “de calidad” por ahí para dedicarles a tus hijos, ya que la apretada agenda que llevamos nos exige dedicar más tiempo a “otras familias”.

¿Qué pretendo con este post? No pretendo que sigas mi ejemplo, para nada, por favor sigue el único ejemplo que debemos imitar, el de Cristo. Jesús se ocupó de las multitudes, pero siempre se ocupó antes de los que Él consideraba “su familia”, verás en los Evangelios que el tiempo que dedicaba a estar con los suyos era más que el que pasaba en medio de “la gente”. Porque no se puede influenciar ni transformar un país si no estamos dispuestos a influenciar a los más cercanos a nosotros, y si eres un ser humano mortal “sin poderes especiales” como yo, los más cercanos a ti son tus hijos.

Quizá algún día vuelva a ocuparme en preparar los “alimentos” para “más gente”, pero creo que mi perspectiva ha dado un giro, sería un hipócrita sino estoy dedicado a “tiempo completo” a ser un buen padre, antes que ser un “buen ministro”.

¿He fallado como papá? Es de preguntarles a mis hijos. Si me conformo con lo que la mayoría hace diría que no, que lo he logrado. Pero, mi conciencia lo sabe y ella me condena: Has querido ser papá para otros sin ser el papá que tus hijos necesitan!

Si fuésemos mejores papás, mejores hombres, mejores líderes en nuestras casas, servidores de nuestros hijos y nuestras esposas, estoy seguro que tendríamos mejores iglesias, iglesias familiares, donde todos cuidan de todos, donde los más viejos cuidamos como padres a los más jóvenes, donde los más jóvenes respetan a los más viejos como sus padres. Por consecuencia, tendríamos un impacto mayor en el mundo, en nuestras ciudades donde el modelo familiar está tan devaluado, aún dentro de las iglesias. 

El mejor sermón no es el que se da desde un púlpito, no interpretes mal mis palabras, la predicación es importantísima cuando anuncia a Cristo, pero no es ese sermón el que cambiará el mundo, sino que es aquel que llevamos a la práctica en nuestras casas, ese que “ven” y no oyen nuestros hijos. Ese sermón que se predica con los actos, con nuestra conducta, con nuestra manera de tratar a los más pobres y débiles, a los marginados por el mundo, a los que no queremos ver en nuestras iglesias por que no “lucen bien” o no cumplen nuestros estándares.

Volvamos a lo básico, seamos esposos amorosos, padres responsables de la crianza de los hijos, que no dan “tiempo de calidad” a sus hijos sino que viven todo el tiempo para sus hijos, pues no vaya a ser pierdas la batalla por tus hijos por ganar la guerra al mundo.

La iglesia no va a impactar al mundo si antes nosotros no impactamos a nuestros hijos, Dios dijo a Abraham que quería bendecir a “todas las familias de la tierra”.

La iglesia no va impactar las ciudades si antes los padres de familia no impactan sus hogares.

Así que no lo olvides, servir a tus hijos, también es “cosa de hombres”.


One thought on “Cosa de hombres…

  1. Tambien me recuerdo de mis dias sin trabajo, y tambien con trabajo, haciendo las labores del hogar…es bien cansado y de nunca terminar…ja> En mi caso como sabes, no me sirvio con mi ex,le valio, pero si con mis hijos y ellos son chamacos independientes y responsables…Animo Will, me gusta tu experiencia y tu mensaje.

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