“¿Ir a la Iglesia?”…

Aclarando que este post es sobre la “Iglesia” con “I” mayúscula, es decir aquella que no tiene nombre ni edificios.

Un post en facebook de una iglesia local anunciaba el tema para su sermón del domingo: “Me encanta venir a la iglesia a congregarme”. Siempre me ha inquietado la costumbre tan arraigada que tenemos de “ir a la iglesia”, por supuesto que es un excelente hábito, lo he practicado por ya 33 años, sin tomar en cuenta los años que estudié en una escuela “parroquial”.

No es el tema considerar el origen de la sana costumbre dominical, más bien es reflexionar en lo que la frase “ir a la Iglesia” se ha vuelto para quienes profesamos la fe en Cristo.

Para comenzar la Iglesia no es un local ni un salón, es un edificio, pero no uno hecho de hierro ni por cemento, sino compuesto por personas. Y habría que pensar como Pablo al considerar la clase de edificio que tenía en mente a la hora de usar tal analogía, de lo que estoy seguro es que no existían rascacielos en ese tiempo, por lo que descarto la idea que el apóstol se imaginara esa clase de edificio.

La Iglesia tampoco es un “lugar” donde llegar. Por cuestiones culturales usamos el término “voy a la iglesia” para decir que: voy a reunirme con un grupo grande de personas. Qué diferente sería si en lugar de usar tal frase la cambiáramos por “soy la iglesia” e “iré a TODO lugar y SERÉ el mensaje VIVIENTE (testigo) del Evangelio. Al leer el libro de Hechos te das cuenta que esa es la idea que los primeros cristianos comienzan a practicar hasta que el estado “oficializó” al cristianismo como “religión” de estado, el más grande daño hecho a la Iglesia.

La manera como hablamos define nuestras prácticas. Porque confesamos lo que creemos, expresamos la idea de vida que hemos acuñado. 

La Iglesia no “sucede” en determinados eventos ni horas ni días de la semana. Somos la Iglesia las 24 horas del día, los siete días de la semana y los 365 días del año. Porque la Iglesia no es un lugar, ni un local, ni un evento.

No estoy diciendo que no sea bueno “ir a la Iglesia”, no lo mal interpretes, pero estoy proponiendo que sería mejor cambiar nuestra manera de comunicar pues eso define nuestra cultura sobre “ser Iglesia”. 

Vamos a la Iglesia cuando vamos a las escuelas, las universidades, a la fábrica, a la oficina, al negocio, a la casa, a los hospitales, a los paseos, porque no podemos dejar de ser “Iglesia”, no es un lugar, ni un nombre, ni una hora determinada quien define eso.

Simplemente la Iglesia es la “casa de Dios”, y en la Biblia, repetitivamente, cuando se usa dicha frase se refiere a la “familia”. Tú eres de tu familia en todo momento, ser de tu familia no depende de si estás dentro de tu “residencia” o si estás acompañado de uno o más de tus familiares ¿Ves el punto?

Te aseguro que algo cambiará si, en lugar de pensar en “ir a la Iglesia” un día a la semana a determinado lugar para hacer ciertas actividades, adoptamos el pensamiento que “soy la iglesia en todo lugar donde esté y cualquier actividad que hago deberá reflejar que soy hijo de Dios”.

Así que, en lugar de “ir a la iglesia” mejor SEAMOS la iglesia.

Es bueno llevar la gente a la Iglesia, pero es mejor llevar la Iglesia a la gente.

 


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