No se trata de lo hacemos, sino de lo que Dios hace.

Justo cuando uno cree que las cosas han llegado a un final, logras ver luz al final del túnel, y es que Dios nunca te dejará, contrario a que, constantemente nosotros le dejamos a Él, aunque digamos que estamos haciendo cosas para su servicio. ¿Recuerdas a Marta y María? Marta estaba “sirviendo” a Jesús, pero no le ponía atención, estaba más enfocada en lo que “hacía” para el Maestro que en lo que el Maestro tenía que decirle a ella. Muchos hemos puesto el enfoque en lo que nosotros hacemos para Dios, y olvidamos que lo más importante es lo que Dios está haciendo.

He sido un “Marto” todos estos años, creyendo que “haciendo” algo para Dios encuentro el propósito para mi existencia, cuando ya todo fue “hecho”, “consumado” en la cruz por Cristo. Y es Cristo, quien realmente da propósito a mi existencia.

Tanto activismo, tanto trabajo, tanto esfuerzo pueden volverse el mayor obstáculo para nuestra comunión con Dios.

Nunca el ministerio debe sustituir nuestra comunión con el Rey, Jesús mismo se apartaba noches enteras para estar con su Padre, y luego ministraba al pueblo. Pero nosotros hacemos las cosas de manera inversa: queremos ministrar al pueblo y por último buscar estar con el Padre, o buscamos a Dios solo porque vamos a ministrar a la gente.

No se trata de dejar de hacer algo, sino de poner las cosas en el lugar que debe estar. Siguiendo el ejemplo de Jesucristo. Estar con Dios es antes que hacer algo para Dios.

Dios tiene que sacudirnos para que “despertemos” del estupor del corazón, debe hablarnos como habló a Marta, ¿Estamos dispuestos a parar el activismo y sentarnos a los pies del Maestro?

Marta atrae la atención para sí misma, María había escogido poner su atención es Cristo.

Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.” Lc 10:38-42

Jesús promete que si escogemos “la buena parte”, la “cosa necesaria” no se nos quitará, se nos podrá quitar todo lo demás, menos eso. Yo quiero escoger esa “buena parte”, la unica “cosa necesaria” en la que debemos gastar fuerzas y energía. Solo así entenderemos realmente que es lo que Dios quiere que hagamos.


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