El enfoque no debe ser el cielo…

Vivir en un país con un alto índice de muertes por violencia hace que parte de la vida la pasemos pensando en la muerte, y por consiguiente lo que viene después de la muerte.

Recuerdo cuando tenía diez años, era 1980 y la guerra civil comenzaba a tomar proporciones grandes en la ciudad. La muerte era algo tan común y tan fácil que pudiera sucederle a cualquier persona, aunque viviera dentro de un bunker o usara las famosas camionetas “cherokees”. A la edad de siete nos mudamos a una recien construída, tranquila (en medio de fincas de café) y alejada colonia de Soyapango, pero luego de la explosión del desarrollo urbano en poco tiempo la zona se convirtió en uno de los sitios más operados por los escuadrones de exterminio y por incursiones de los subversivos. Ver y saber de personas muertas era tan común como ahora.

Quizá por esa razón, por la realidad tan cruda de estar más expuestos a la muerte, la vida tan corta para muchos, que la manera como las iglesias evangélica abordaron el tema de evangelizar fue enfocándose más en el “destino de llegada” que en el propio Salvador.

La mayoría de tratados y folletos para evangelizar ofrecían (y aun algunos persisten) que: si creemos en Jesús al morir iremos al Cielo en lugar del Infierno, y aunque eso es cierto, no es el centro del Evangelio de Jesucristo. Era un gancho para captar la atención de la gente, pero que terminó de marcar el estilo de vida de una manera poco “productiva” de quienes somos los cristianos en este país, ahora podemos ver el resultado de predicar un Evangelio donde lo que importa es lo que sucede después de la muerte y no hoy.

Jesús no vino a “ofrecer” el cielo como el lugar más seguro y más hermoso para vivir. Jesús vino a poner a disposición, de quienes crean en Él, la vida del cielo para vivirla en la tierra. Ese fue su mensaje: “Arrepentíos porque el reino de Dios se ha acercado”, no dijo: “Arrepentíos para que al morir vayáis al cielo”.

¿Qué importa el lugar donde vayamos si estamos con Él? No es el destino más importante que Jesús mismo.

Por eso creo y afirmo con toda la convicción que cada grupo cristiano debe revisar la manera como “comunica” el Evangelio.

El enfoque del mensaje es Cristo mismo y nada más, porque de Él mana la vida, porque el cielo no es el fin, sino que lo es: vivir obedientes a Jescristo durante toda la vida (y esta es eterna). Él es la vida misma. El cielo sin Jesús sería un lugar como la tierra sin Cristo: vacío.

Jesús nos llama a seguirle, hoy, no después de la muerte. Aprender a ser como Él, a vivir como Él, el impacto en la sociedad de los creyentes que quieren vivir como Jesús hoy es más fuerte y perdurable que aquellos que quieren escapar al cielo.

Comencemos por nosotros mismo, por nuestras familias, a enseñar a nuestros hijos a vivir como Jesús quiere que vivamos, lo que pase luego de la muerte será tan relevante como lo que sucede hoy, ya que si hemos creído en Jesucristo, hemos resucitado a una vida eterna hoy.


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