Algunas lecciones “olvidadas” para los discípulos…

El mensaje del reino de Dios anunciado por Juan el bautista y luego por nuestro Señor Jesucristo requería una respuesta de parte de quienes aceptaban como verdadero el edicto celestial, debían tener arrepentimiento. Y este, sencillamente es dejar de vivir siendo gobernados por nuestra voluntad y someternos a la voluntad de Dios, por lo tanto implica un giro en la dirección que cada uno lleva en la vida. Hay que tomar una decisión radical. A quienes aceptaban el mensaje del Evangelio se les consideraba “discípulos” y debían bautizarse en agua para hacer pública la decisión que ya habían tomado en la mente y el corazón. Todos los discípulos tenían un solo Maestro. Hoy día, en muchas iglesias usamos el término “discipulador”, aunque éste no existe en el diccionario del español, para nombrar a aquellos que “mentorean” a otros en su nueva faceta como aprendices de Jesús, el Maestro. Y es que no hay otro “escalón” entre un maestro y un discípulo, no hay un intermedio, sólo existe: Maestro, nuestro Señor, luego todos somos SUS discípulos. Los mentores nos ayudan a seguir el camino.

Bien, en el relato escrito por Lucas, en el capítulo 3 y versículo 11 hallamos una de las primeras y, por lo tanto importante, lecciones que los discípulos del Rey deben aprender hacer. El capítulo en mención destaca que la gente salía a Juan para ser bautizadas por él, como aceptación del mensaje del reino y muestra del arrepentimiento, Juan les dice que el bautismo no es un escape del juicio de Dios, la ira venidera, que la manera es “haciendo frutos dignos del arrepentimiento” (vers. 8). Luego la gente le pregunta a Juan “¿Qué haremos” y Juan les da la lección “olvidada” que cada discípulo debemos aprender: “El que tiene dos túnica, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo”. No suena a una disciplina muy espiritual que digamos, pero es lo que DEBEMOS HACER si queremos dar muestra que hemos tomado el camino de vivir bajo la voluntad del Rey.

La solidaridad con el necesitado no es tan popular hoy día, más bien es visto como una herramienta socio-política, toda la Biblia está llena de intrucciones y evidencias que nos muestran que el pobre, el necesitado, tienen un lugar muy cerca del corazón de Dios “A Jehová presta el que da al pobre”. Jesús tenía cuidado de ellos, basta leer los Evangelios para ver que era una de sus prácticas.

Creo que es tiempo que los seguidores de Jesús tomemos la delantera al respecto, y que no dejemos que sean las organizaciones políticas ni sociales las que estén “llenando” el vacío que la iglesia evangélica en El Salvador ha dejado.

El Evangelio son buenas noticias para el pobre, y que mejor sería llevar estas noticias si las acompañamos de un plato de comida, de una frazada, de una camisa. ¿Acaso no estabamos así nosotros sin Dios? ¿Pobres, desnudos y hambrientos?

No es practicar un “evangelio social”, es que el Evangelio debe tocar a TODA la sociedad, y esto incluye a los menos priviliagiados”.

Cuanta razón tiene Bono, vocalista de U2 al decir que “Ayudar al pobre y al hambriento no es una acto de caridad sino un acto de justicia”. Los cristianos debemos estar contra toda injusticia, hay que volver a ver hacia abajo también.

Hagamos entonces, frutos dignos de nuestro arrepentimiento! Pídele a Dios que te muestre que hacer y sé obediente.


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