El Evangelio para los marginados

El Evangelio son la buenas noticias para el que necesita recibir buenas noticias. Para mucha gente el mensaje de” “la vida en el reino de Dios ahora disponible por medio de Él”, el Evangelio predicado por Jesús, no es algo grato para recibir. Para algunos significa “dejar” las cosas que le hacen placentera la vida, tal como las riquezas o un estilo de vida egocéntrico, para otros es abandonar ideas o una manera de pensar humanista. Pero para la gran mayoría, el Evangelio es la esperanza de una vida nueva, no para el futuro nada más, sino para HOY mismo.

Y el mensaje del Evangelio es, ante todo, para los marginados de la sociedad, los marginados por la religión establecida. En los tiempos cuando Jesucristo caminó en Palestina, el judaísmo manipulado por los faríseos era la religión establecida, y siempre la religión margina a un grupo de personas por considerarlos no aptos ni “dignos” para estar dentro de ella.

Por eso Jesús era odiado por los religiosos de su época, porque su mensaje y su modo de vivir desafiaba las enseñanzas su religión.

El Evangelio según San Juan nos muestra, en sus primeros capítulos que, los marginados por la sociedad y la religión establecida eran parte de la agenda evangelizadora de Jesús.

Mira como lo muestra Juan:

Capítulo 3: Jesús y Nicodemo. Un religioso, los seguidores de Jesús tendemos a marginar a quienes practican una religión por que pensamos que no necesitan, o que en apariencia “conocen” las Escrituras, pero este ejemplo nos muestra que, son los religiosos quienes son los primeros necesitados de escuchar que, sólo poniendo la confianza en el Rey y vivir de acuerdo a sus mandamientos, se puede practicar una verdadera vida de piedad.

Capítulo 4: Jesús y la mujer samaritana. Una mujer, y además de ser mujer, con una “mala fama” y además de eso era “samaritana”. No me voy a extender porque la Biblia es tan clara en la historia. Pero cuantas veces nosotros marginamos a la mujer, por ser mujer, marginamos a quienes tienen una “mala fama o reputación” por su manera de vida, y marginamos a quienes piensan diferente a nosotros. Sólo basta ver la respuesta que Jesús tuvo en Samaria, y que posteriormente, en el libro de Hechos vuelve a verse el fruto de este acto intencional de Jesús por buscar al marginado. Si recuerdas, Jesús ordena ser testigos en “Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra”. El mensaje del Evangelio es para quienes están lejos o han sido excluídos por la religión y la sociedad.

Capítulo 4: Jesús y un noble. Jesús sana al hijo de un hombre que, claramente el relato dice que era un oficial del rey, este rey era Herodes, un gobernante impuesto por Roma, su padre fue el despiadado Herodes el Grande y su madre era una mujer samaritana. Es más que obvio que este rey no gozaba del aprecio del pueblo, y por lo tanto puedes imaginar que tampoco sus oficiales lo tenían. Por ello los publicanos eran tan detestados por los judíos, por ser servidores del gobierno. Y Jesús muestra que, aún aquellos que servían al rey pagano, hijo de un criminal y de una mujer de Samaria, debían ser considerados aptos para recibir la gracia de Dios.

Capítulo 5: Jesús y el paralítico de Betesta. Una historia que solía escuchar a menudo de pequeño en las clases en la Escuela Dominical. Un hombre que tenía treinta y ocho años de estar completamente inhabilitado para moverse. Podemos descubrir muchos cuadros espirituales en este relato, pero hagamos caso de lo obvio primero. Jesús viene a buscar al marginado, al enfermo, al paralítico, a quien los demás miran de reojo, que pasan de lejos. Jesús no busca sanos, el vino a buscar enfermos.

Posiblemente hayamos espiritualizados demasiado el Evangelio y nos hemos olvidado de los marginados en nuestra “Galilea”, en nuestra “Samaria” y en nuestro “Betesda”. Una reflexión es necesaria. Una acción es urgente.

Hace varias semanas se dio el caso de un hombre que fue atropellado frente a un hospital privado y que, tirado en el pavimento esperó por mucho tiempo el auxilio de los cuerpos “voluntarios” de socorro. Irónicamente, ni un solo “buen samaritano” de inmediato reconocido hospital privado tuvo a bien salir de su cómodo consultorio con aire acondicianado para brindarle primeros auxilios. La apariencia del hombre posiblemente le descalificaba para recibir los servicios médicos exclusivos allí brindados. La iglesia es como un hospital, mucha gente viene a emergencias, otros con consultas periódicos, la mayoría recibe tratamiento constante, algunos necesitamos estar ingresados mientras sanamos, todos somos enfermos en recuperación, pero cuidemos de no convertirnos en un hospital “privado”, que prive a los más necesitados de su auxilio, es nuestro deber “atender” a todos y no nada más a quienes pueden “costear” el servicio.

El mundo está muriendo afuera. Vamos entonces!


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