Predica el evangelio del reino de Dios

Marcos 1:35 al 38 nos muestra dos aspectos básico y esenciales en la vida y ministerio de Jesús en Palestina. La oración como disciplina de comunión con el Padre, y el cumplimiento de su misión: anunciar que el reino de Dios se ha acercado.

En el versículo 38 Jesús dice: “porque para esto (predicar) he venido” e inmediatamente le vemos predicando en las sinagogas de la región, y “echando fuera demonios”.

El mensaje de Jesús era uno solo, y me refiero a EL mensaje que resumía todas las enseñanzas de él, Marcos 1:15 “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed el evangelio”. Y este mensaje era acompañado de las señales que mostraban que una nueva dimensión de vida estaba disponible por medio de Jesús, dice Marcos que una de las respuestas a la predicación del reino de Dios era que los demonios eran sacados del territorio que habían tomado. Y es que el reino de Dios, que es gozo, paz y justicia en el Espíritu Santo siempre confrontará al reino de la tinieblas, y este no prevalecerá ante la luz de Cristo y su reino.

Pero el reino de Dios disponible por medio de Jesús también trae restauración para los excluídos del pueblo de Dios.

En el mismo capítulo 1 de Marcos, en su parte final, observamos como Jesús rompe con los esquemas establecidos por el legalismo fariseo de esa época, que prohibía a los leprosos entrar a las ciudades, estos enfermos eran mantenidos completamente fuera de la vida social y religiosa. Jesús sorprende a los religiosos tocando al enfermo y sanándolo. Acto seguido le dice que vaya y se muestre al sacerdote para que su sanidad sea confirmada y nuevamente pueda el ser considerado parte de la vida la comunidad.

 

La condición del leproso refleja la condición del mismo pueblo de Israel en ese entonces, excluídos en un exilio “intra fronteras” a causa de estar invadido-sometidos a Roma y a un mundo cada vez más helenizado y por lo tanto, más enfocado en la idolatría. Israel está enfermo y excluído, Jesús viene a “tocarlo” y restaurarlo, pero Israel no tuvo la actitud de este leproso, no hincó su rodilla ni le rogó su sanidad.

 

Igualmente nosotros somos como este leproso, excluídos de “la gloria de Dios”, pero que ahora por medio de Jesucristo, si venimos e hincando nuestra rodilla rogamos: “Si quieres, puedes limpiarme…” Y él quiere, por eso “nos toca”, eso es precisamente “el reino de Dios se ha acercado”, Jesús “tocando” a la humanidad: “Y aquel Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Dios quiere y nos brinda la sanidad eterna del corazón.

 

El mundo permanecerá leproso si no hay quien, al igual que Jesús, haga de la comunión con Dios una prioridad diaria y que haga de la predicación del evangelio del reino de Dios su propósito de vida. Para esto hemos “nacido de nuevo”.

Por eso Pablo escribió en Romanos 1:16 “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación…”


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