“En memoría de mí”

Jesús dijo estás palabras en la última cena que tuvo con sus discípulos, antes de ser cruficado. Precisamente era la celebración de la Pascua, que recordaba al pueblo judío que Dios “pasó” de largo las casas que fueron marcadas con la sangre del cordero, como antesala para salida de la esclavitud en Egipto. Esta última cena de Jesús sucedió un día previo antes de la Pascua (Juan 13:1) ya que él fue crucificado el día antes del día de reposo, que era la Pascua y sábado a la vez, entonces podría decirse que ellos celebraron la Pascua un jueves por la noche, luego él es capturado, durante la mañana condenado y crucificado antes de iniciar el sábado (los días judíos inician a las 6 de la tarde).

Según 1 Corintios 11:20, “la cena del Señor” es para la iglesia de Cristo un medio para proclamar o “anunciar” la muerte del Señor y su regreso.

La palabra “anunciar” que usa Pablo en el vers. 26 del mismo texto en mención tiene la misma raíz que “evangelio”, que se traduce como “proclama” (el edicto de un rey es hecho conocer para ser obedecido) o mensaje.

Parece ser, según este mismo capítulo de 1 Corintios, que cada vez que los creyentes se reunían como “iglesia” (vers. 17, 18, 20, 33, 34) tenían la costumbre de tener “la cena del Señor”. Aquí, Pablo está corrigiendo el desorden y el desenfoque que los cristianos de Corinto habían hecho de esta celebración, había perdido su real significado y el propósito original para hacerla: anunciar el sacrificio redentor de Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y su regreso para reinar.

Algo similar sucede hoy día, hablando en general de la mayoría de confesiones de origen cristiano. Unos le llaman la “comunión” o “eucaristía” y le han atribuído significados que no tienen nada que ver con lo que nos instruye las Escrituras. Aquellos la celebran cada semana o en cada ocasión que se reúnen, otros la celebramos, por tradición también, no tan a menudo como ellos. Los elementos usados difieren, la manera de oficiar el acto también. Sea como sea, los unos y los otros necesitamos la corrección de Pablo nuevamente.

Jesús dijo: “Hacedlo en memoria de mí”, y estoy seguro que es una petición o instrucción muy importante para quienes somos sus seguidores. El Maestro y Señor ordenó que partiéramos el pan y tomáramos de la copa para “hacer memoria (traer a la mente de todos) de Él”. Pablo nos enseña que “hacerlo en memoría de Jesús” es anunciar a Cristo, su muerte en la cruz y su resurrección, ya que esperamos su regreso.

Cuando nos reunimos como iglesia no hay acto más significativo, sin atribuirle misticismos ni poderes extrabíblicos, que celebrar “la cena del Señor” para anunciar el Evangelio. Es un símbolo, un ícono, una imagen, una dramatización, una remembranza para comunicar, un medio para anunciar, un recurso más que bíblico para evangelizar, tanto a creyentes como a no creyentes.

Quizá debemos considerarlo, si Jesús nos intruyó para hacerlo tiene que ser importante, posiblemente las otras confesiones cristianas lo hacen con la ignorancia a las Escrituras, pero no por que nos comparen con ellos debemos dejar de hacer lo que la Biblia nos instruye, sobre todo si es para anunciar el Evangelio, y si Jesús mismo dijo: “Haced esto en memoria de mí”.

Hoy es miércoles, quizá mañana jueves podemos recordar, con nuestras familias, que un viernes el Cordero de Dios, fue sacrificado para que nosotros, en lugar de muerte, tengamos la vida.


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