¿Discípulo o admirador?

En el evangelio de Marcos 6:1-3 leemos que “Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos, y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él.”

¿Qué sucede en tu corazón cuando escuchas el evangelio? ¿Cuando escuchas las enseñanzas de Jesús? ¿Cuando oyes el mensaje de la cruz? ¿Cuál es tu reacción al leer las Escrituras, las que repetidamente nos presentan al Cristo desde el Génesis hasta el Apocalipsis? ¿Admiración o convicción para seguirle?

Si me permites contestar a mí primero, en numerosas veces, la mayoría talvez, yo he admirado a Jesús,  su sabiduría, sus milagros. Pero si soy honesto debo aceptar que, tantas veces, he fallado en ser un “seguidor” o “discípulo” de Jesús. Y es que los domingos las iglesias están llenas de gente como yo, que se admiran de Jesús pero que no le consideran su maestro para la vida, pasamos un buen tiempo escuchando acerca de Dios y sus milagros pero no aplicamos a nuestro diario andar lo que hemos escuchado. Si Jesús es el Maestro, quienes nos consideremos sus seguidores estamos obligados a aprender de Él, y solo se aprende practicando.

Es como si estuvieras aprendiendo un segundo idioma, si no lo hablas o practicas, si solo vas a la clases y sales admirado de lo bonito del idioma sin hacer los ejercicios ni las tareas, no lo hablarás. Conocerás acerca del idioma, podrás recordar algunas palabras básicas del idioma pero no sabrás como hablarlo. Así somos aquellos que nada más somos admiradores de Jesús.

¿Qué eres tú? ¿Admirador o discípulo?

En el contexto del mismo pasaje de Marcos vemos un par de diferencias entre los admiradores y los seguidores:

Los admiradores son incrédulos, el hecho de estar en la sinagoga cada día de reposo no los convertía en creyentes, veían a Jesús como un “maestro” nada más, aun viendo las señales que hacía no le consideraban como el Hijo de Dios, el Mesías. Los discípulos son aquellos que han reconocido que Jesús es Dios mismo y por eso le siguen.

Los discípulos obedecen. Están dispuestos a ser enviados y “renunciar” a todo aquello que sea un estorbo para “hacer lo que el Maestro manda hacer”, por la causa del evangelio, aun cuando esto represente ir sin nada.

¿Quién es Jesús para ti? ¿El carpintero o el Señor y Maestro de tu vida?

 

 


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