La comunidad del anillo…

Hay una película basada en la obra de J.R.R. Tolkien (quien era creyente), “El Señor de los Anillos”, en cuya primera parte de la trilogía dirigida y producida magistralmente por Peter Jackson hay una secuencia que nos muestra un cuadro, de lo que en mi opinión, debería significar “ser iglesia”. Es cuando un consejo de representantes de los habitantes de la Tierra Media se reúnen en Rivendell (una especie de paraíso) para debatir que se deberá hacer con el “anillo” que representa el poder del mal. Este anillo debe ser destruído, llevado al Monte del Juicio Final (Mount Doom), a través de los más peligrosos y oscuros caminos. De entre todos los poderosos reunidos, el más débil de los representantes, Frodo Baggin, se ofrece para llevar a cabo la peligrosa misión, pero él no sabe como llegar. Uno a uno 8 individuos más se agregan voluntariamente ofrenciendo cada uno su habilidad y armas para conseguir el cometido. Así se da por formada la “Comunidad del anillo”, 9 personas muy diferentes, algunos poderosos y fuertes, otros débiles pero leales y valientes se unen con una sola misión: Salvar a todas las razas que habitan el mundo llevando el anillo a la destrucción.

No pretendo contar toda la película, seguramente la has visto muchas veces como yo, lo que me parece fascinante es este cuadro de la comunidad unida por la misión.

La iglesia es muy similar, o al menos debería serlo, somos una comunidad que tenemos una sola misión, todos somos muy diferentes, cada uno aporta lo que sabe hacer y lo que tiene y lo pone al servicio del otro con el único objetivo de cumplir la misión. En el camino surge la verdad amistad, el compañerismo que va más allá de un “hola” o un “gusto en verte”.

Y es que cuando un grupo de personas ha atravesado el peligro juntos, o han librado batallas hombro a hombro, surge este lazo que va más allá de ir juntos nada más, mi vida depende de la ayuda del otro. “Unos a otros” es más que una frase repetida multiples veces en el Nuevo Testamento, es la manera en que la iglesia debe vivir: “unos a otros”. Si no existe esto jamás podremos llegar a cumplir la misión exitosamente.

La misión es importante, pero igual lo es la “comunidad” que ejecuta la misión.

Jesús no encargo Su misión a un solo hombre, lo encargo a una “comunidad” de discipulos, para que se reprodujeran en más “comunidades” de díscipulos, dispuestos a vivir y morir “unos por otros”. El amor era característica de estas comunidades, la gente los reconocía por esa marca, la marca del amor, “unos a otros”.

Pienso, y al observar la historia de la iglesia, que el éxito de nuestros esfuerzos por alcanzar la misión encomendada por el Rey descansa en débiles seres humanos que al formar comunidades basadas en el verdadero amor pueden mostrar al mundo precisamente que, Dios amó de tal manera al mundo que dio a su Hijo para que tengamos vida eterna.

No hay otra manera de predicar el amor de Dios sino es con el amor que nos tengamos unos otros, con el amor que nos demostremos unos a otros.


Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s