Un Dios galardonador de quienes le buscan

Llega un centurión donde Jesús estaba, quizá con mucha cautela pues era gentil, es decir un no judío. Este militar a cargo de unos 80 soldados romanos ruega por la sanidad de su criado, quien según la historia en Mateo 8:5-13 “está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado”, podemos aprender mucho de este relato, pero lo que quiero destacar en esta vez es la relación que existe entre FE y OBEDIENCIA. La fe pudiera parecer algo “etéreo”, que no puede palparse, que se tiene en algún lugar de la mente o del corazón, pero la fe siempre se manifiesta en obediencia. Para el centurión no era necesario que Jesús fuera a su casa a causa de su indignidad (este hombre muestra un pleno reconocimiento de quien Jesús era), le dice a Jesús que “solamente” diga la palabra y su su criado sanaría, acto seguido el oficial romano le explica porque no es necesario que vaya. Jesús, recuenta Mateo, al “oírlo” “se maravilló” de la fe del centurión, pues sin ser judío o conocedor de las profecías acerca del Mesías había reconocido a Jesús como el Hijo de Dios.

Tener fe en Dios debe dar como resultado que su pueblo obedezca la invitación que hace  para acercarnos a Él. Hebreos 3:17-19 nos dice que el pueblo que salió de Egipto no entró en el reposo de Dios a causa su incredulidad, pues desobedecieron a Dios, más atrás en el mismo capítulo 3 y el versículo 12 de Hebreos el autor nos exhorta a “no tener un corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo”.

El que tiene fe se acercará a Dios. Eso fue lo que precisamente hizo el centurión, su fe dio como resultado que su criado haya sido sanado, pero la fe fue “activada” al acercarse a Jesús y reconocerle como Señor. Hebreos 11:6 dice que Dios es “galardonador de los que le buscan” y muchos de nosotros, al leer esto pensamos en milagros o favores en nuestro beneficio o el de otros como el galardón, cuando el verdadero y único galardón al acercase con fe a Dios es Dios mismo! Dejemos de ver las obras que podemos obtener de Dios y pongamos nuestra mirada en Él como nuestro galardón.

El centurión comprendió eso, nunca dudó que Jesús pudiera sanar a su criado, pues se había acercado con fe a Jesús, creyó que Él es Dios, y Jesús se convirtió en el galardón. La sanidad de su criado fue un resultado de haberse acercado a Jesús.

Es natural para el ser humano que pasa por cierta dificultad, enfermedad, carencia, etc buscar a Dios en esas situaciones, nos acercamos pues creemos que Dios tiene el poder y autoridad para hacer algo y Él puede y tiene tan abundante amor que sin dudarlo lo hará. Pero es triste que cuando obtenemos nuestro “milagro” dejamos de buscar a Dios, como le pasó al pueblo de Israel al salir de Egipto. No es mi intención hacerte sentir mal y condenar a nadie que haya cometido este error, yo mismo lo hecho en tantas ocasiones, pero quiero animarte a buscar a Dios por quien es Él… acercarte en TODO tiempo y buscarle desesperadamente en el día bueno o en el día malo. “Si oyereis hoy su voz (que te invita a acercarte a Él), no endurezcáis vuestros corazones”.

Obedezcamos la invitación de acercarnos a Él.


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