El poder del amor

1 Juan 4:12 dice “Nadie ha visto a Dios jamás. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros”.

Jesús nos comisionó para ir y hacer discípulos de Él, y para cumplir esto, a través de los años, las iglesias y organizaciones dedicadas al evangelismo y la expansión del reino han diseñado estrategias y medios para alcanzar a quienes aún viven en las tinieblas.
 El apóstol Juan nos propone que hay un medio más poderoso que cualquier otro inventado por el hombre, por muy creativo o atractivo que sea, éste fue ideado por Dios mismo: el amor.

No hay mensaje más poderoso que una vida transformada por Dios.De igual manera no habría mensaje más poderoso para nuestras ciudades que el de una comunidad que vive “amándose unos a otros”, “no de palabra ni de lengua” dice Juan, “sino de hecho y en verdad”. (1 Juan 3:17)

Dios quiere revelarse a la gente como el Salvador, el texto dice “Nadie ha visto jamás a Dios”, esto recuerda lo que el mismo escritor anotó en su evangelio “A Dios nadie le vio jamás; el unigenito Hijo… le ha dado a conocer” (Juan 1:18).

Jesús vino a dar a conocer al Padre. Luego, Jesús forma, sacándonos del mundo, una comunidad de discípulos que deben dar a conocer a Dios “…si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros…”, el mundo podrá ver y conocer a Dios.

Quizá esta “estrategia” pensada por Dios ha sido ignorada. Si nos dedicaramos a amar a nuestros hermanos, cosa que implicaría, como dice Juan, “poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Juan 3:16), o compartir los “bienes de este mundo” (1 Juan:17) con el hermano que tiene necesidad, posiblemente la gente sería más impactada que cualquier otro método evangelístico.

El amor entre hermanos era una de las marcas de la iglesia del libro de los Hechos. La comunidad de esos creyentes transtornó el sistema del mundo porque echó mano del mensaje a través del arma más poderosa: el amor. La misma arma que Jesús empuñó en la cruz.

Si nos amamos unos a otros, de manera visible más que de palabras, sosteniéndonos unos a otros, apoyándonos unos a otros, orando unos por otros, el mundo podría ver a Dios en nosotros porque “Dios es amor” (1 Juan 4:8).

Todas las demás estrategias son buenas y pueden ser efectivas, un tratado puede ser de mucha ayuda, salir a predicar es necesario y urgente, pero nada sería más impactante que una comunidad donde todos nos amamos hasta “poner nuestra vida por los hermanos”.

Te propongo que cultivemos esta “estrategia” de amarnos unos a otros y te aseguro que el mundo conocerá a Dios, pues aunque a “nadie ha visto a Dios. Si nos amamos unos a otros…”


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