La herencia de mi abuelo…

Don Carlos Humberto Escalante además de ser mi abuelo fue “tipógrafo”, así les llamaban a los “diseñadores gráficos” en los 60s y 70s. Un tipógrafo sabía operar las máquinas e impresoras, pero también “diseñaban” lo que iban a imprimir. Armaban una especia de molde con las pequeña piezas metálicas de diferente forma y tamaño que tenían grabada las letras, un mueble servía de “disco duro” para archivar las diferentes familias de fuentes tipográficas en sus estilos y tamaños. Lo que hacía más complicado el trabajo era que se debía armar la matriz invertida, pues al colocarlo en la impresora imprimiría de la forma correcta. Mi abuelo trabajó muchos años en El Diario de Hoy y se retiró para abrir su propia imprenta junto a otros colegas. Aunque no tengo ni un recuerdo de mi abuelo y su profesión, salvo algunas fotos que he visto de él en su imprenta, algo que si tengo de él es esa “pasión” y la habilidad para “jugar” y diseñar con tipografía, me encanta y creo que es una de mis especialidades, estoy más que seguro que eso lo heredé de mi abuelo, he llegado a pensar muchas veces que si él hubiera tenido la oportunidad de conocerme en mi profesión hubiera estado muy orgulloso de mí, y quizá hasta me hubiera convertido en su nieto consentido por hacer lo mismo que él hacia.

Don Carlos murió trágicamente cuando yo tenía 5 años, pero tengo muy claro su recuerdo como un hombre cariñoso y trabajador. Algunas veces mi abuelita me cuidaba en su casa por las tardes después de salir del kinder, y mi abuelo al ir de regreso a trabajar después de almorzar me daba siempre quince centavos de colón y me decía” “para que comprés pan dulce” (creo que me dejó también el vicio de gustarme tanto el pan dulce). Me hubiera gustado mucho aprender de él ese arte del “tipógrafo”.

Mis hijos tienen la bendición y privilegio de crecer conociendo a sus 4 abuelos, y estoy seguro que les aman y les admiran mucho también.
La herencia que mis papás y mis suegros están transmitiendo a mis hijos es más valiosa que cualquier riqueza material. Ambas parejas de padres de padres son gente de fe y temerosas de Dios, que han criado a sus hijos en el respeto de la Biblia y de la iglesia, han sido respetuosos de prójimo y se han compadecido de los más débiles. ¿Qué más puede desear uno como herencia sino es el legado espiritual de hombres y mujeres que, obedientes y diligentes en criar a sus hijos en el temor de Dios, siguen enseñando con sus ejemplos que la vida no consiste en riquezas ni apellidos estirados, ni títulos nobiliarios ni cofres llenos de oro, sino en el amor a Dios por sobre todas las cosas?

Ojalá mis hijos puedan capitalizar la herencia de sus abuelos, y que saquen los mejores activos y les añadan intereses con sus propios hijos. Todavía no espero ser abuelo, pero cuando ese día llegue espero, más que darles dinero para que compren pan… enseñarles que el mejor pan que pueden desear y adquirir es el Pan de Vida.


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