¿”show” o adoración?

Creo que anteriormente he escrito sobre la adoración fingida o genuina, refiriéndome al acto de dar alabanza con música y cantos en medio de una reunión de creyentes. Teniendo claro que la música no es adoración, pero sí un medio, pero también TODO lo que pasa en una “asamblea” o reunión de creyentes para adorar y escuchar la palabra de Dios debe ser considerado como parte de la liturgia, una palabra a la que muchos rehuyen por considerarla “religiosa” pero que básicamente significa: “Orden y forma con que se llevan a cabo las ceremonias de culto en las distintas religiones.”

Vivimos en una era mediática, un tiempo donde la producción de eventos de carácter artístico o de entretenimiento (no todo lo que venden en un teatro o un estadio es arte) toma un auge debido a los avances tecnológicos en materia de audio y video, luces LED, láser, sistemas de sonido, multimedia, etc.

¿Es válido usar todos esos recursos en la liturgia de nuestras iglesias? Pienso que sí, y si sabes cómo y tienes los recursos, lo mejor que puedas dar al Señor es nuestra supremo llamamiento: glorificar su nombre entre las naciones. Pero corremos un riesgo cuando todo esa parafernalia sustituye la espiritualidad que debe caracterizar nuestros servicios de adoración. Es decir, cuando te apoyas más en tu sistema de luces o audio, y te es una prioridad por sobre lo que vamos a ministrar a la iglesia. Cuando es más importante lo que sonará que lo que hay dentro del corazón. Cuando las notas de música se vuelven más valuadas que nuestra conducta fuera de la plataforma. Por muy “bonito” que sea el espectáculo simplemente será un “show”. Y los “shows” son para que te vean a ti. Entonces caemos en el gravísimo error de no dar la gloria a Dios, quizá no te las estés robando, pero tampoco estás apuntando donde debes apuntar.

¿Qué hacemos entonces? Bueno, ármate con lo mejor que puedas tener a tu alcance, y sobre todo busca la excelencia, pues esta no es “una” ofrenda como lo fue para Caín, sino es “la” ofrenda, como la de Abel. Es decir, tomar lo mejor de entre lo mejor para darlo al Rey. Pero no te olvides que quien es LO UNICO IMPORTANTE es quien RECIBE LA OFRENDA, no lo es la ofrenda, ni mucho menos el “ofrendante”.

Trata de no llamar la atención a ti mismo, no significa que estés muerto frente a la reunión, pero tampoco trates de forzar una experiencia con ademanes y gestos que no sean genuinos tuyos. Es bueno que por momentos salgas del foco, interactuar con tus músicos, o con la misma gente hará que no se te perciba como un “perfomancer” sino más bien como alguien que está facilitando la expresión unida de alabanza.

Ser uno mismo, sin ser irrespetuoso de la audiencia ni pasado de confianza. Sean 10 los reunidos o 1000, la diferencia está en quien estamos enfocados.

Si tienes los mejores recursos úsalos, pero que ellos no marquen tu ánimo ni pasión ni entrega facilitando la adoración en la iglesia.


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