Vivir o morir por La Causa… seguir a Jesús no es un juego.

“One of our great allies at present is the Church itself. Do not misunderstand me. I do riot mean the Church as we see her spread but through all time and space and rooted in eternity, terrible as an army with banners. That, I confess, is a spectacle which makes I our boldest tempters uneasy. But fortunately it is quite invisible to these humans.” The Screwtape Letters, C.S. Lewis

Cuando tenía unos 13 años mi papá solía comprar libros que la pequeña y recién plantada iglesia a la que asistíamos vendía domingo a domingo, uno de esos libros que llegó un domingo a la casa fue precisamente “Cartas a un demonio aprendiz” como había sido traducido el título de esta obra del autor de Narnia.

Una historia ficticia basada en cartas que un demonio maestro enviaba a su aprendiz que capturó mi atención todavía infantil pero que, me dejo impresionado con el texto citado al inicio de este post. Lo leí en español por supuesto, pero no he hallado una copia del libro en esa lengua y el que llegó a mis manos se perdió.

Estoy de acuerdo con el planteamiento de Lewis, la Iglesia se convierte en el principal de los aliados del enemigo cuando dejamos de actuar como un ejército (y no me refiero a andar “liberando”, “conquistando”, “poseyendo” para el reino de Dios) que lucha por la causa de Jesús. Y es que corremos el riesgo de ponernos a entretener a la gente o sencillamente servir como un “sitio de solaz esparcimiento”.

No así la iglesia del primer siglo, quienes estaban dispuesto a perderlo todo, darlo todo, hasta la misma vida por esa Causa. Esa iglesia hacía temblar al mismo infierno pues personas eran salvas, se agregaban creyentes, el evangelio era predicado, proclamado por aquellos que arriesgaron todo.

Necesitamos re-enlistarnos en el ejército de Dios, no digo que juguemos de soldaditos ni de guerra “espiritual”, necesitamos ponernos la armadura de Dios y pararnos firmes.

A veces el enemigo, el tentador, nos tira luces de bengala para distraernos y nos hace pensar que la verdadera batalla es otra. Nos hace perdernos y nos gana el terreno, te animo a poner los ojos en Jesús, y seguirlo, aunque es un camino de sacrificio, la verdadera vida está allí, no en las luces de colores, ni en las comodidades que este mundo pueda ofrecerte. El lugar más seguro donde puedes estar es siguiendo a Jesús, aún si vas en medio valles de sombra y de muerte.

 

 


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