Sobre la corrección a los hijos…

Seguramente conoces a más de algún chico en tu colonia a quien lo viste crecer y ahora es un verdadero dolor de cabeza, no sólo para sus papás sino para todo el vecindario. En la mayoría de los casos, detrás de un jovencito “malo” hay un padre flojo (o no hay padres). Y no me refiero a aquel niño inquieto al que consideramos “tremendo”, regularmente estos cambian al crecer pues, teniendo un buen padre que aplica la corrección “correcta” (valga la redundancia), lo inquieto no pasará de eso.

Pero hay niños que su “tremendez” se vuelve maldad. Se vuelven jóvenes a quienes no les importa el bien común, quienes viven fuera de los márgenes de la sociedad, no respetan las leyes ni a las mismas personas.

Cómo lo apunté unas líneas atrás, siempre hay un padre “flojo” detrás de un jovencito “malo”, si es que existe un padre en su núcleo familiar. Y un padre flojo es aquel que no ejerce su liderazgo ni su autoridad con firmeza. Si un padre ama de verdad, corregirá a un hijo cuando éste haya hecho lo malo. Aplicar disciplina no es bien visto por la sociedad “progresista” en la que vivimos. Castigar a un niño físicamente es un delito en otros países. Y es que ha existido abuso por parte de algunos padres, pero el hecho de que existan no significará que debemos tacharlo de malo. Pero de igual manera puedes ver el resultado en la sociedad de esos países donde tienes que dejar que tu hijo haga lo que quiera.

¿Cómo debes corregir a un niño? Primero: Con mucho amor y sin ira. El hijo debe saber que su padre le ama profundamente, y es por ese amor que le tiene que le corregir físicamente. Segundo: Si es necesario usa la varita (nunca uses un cinturon u otro objeto), que es un instrumento altamente efectivo cuando es usado correctamente. Debe ser de madera, plana, sin filos, bordes redondeados y debe usarse exclusivamente para ese fin. Aplicas la varita en las nalgas de los niños, que es un lugar adecuado en el cuerpo para esto. Nunca lo hagas en público, y escoge un lugar de la casa para hacerlo. Explícale de manera clara a tu hijo la razón de por que lo vas a castigar físicamente, de manera que tu hijo tenga clara esa razón ( a la vez te ayudará a calmarte y hacerlo de manera razonable). Tercero: Después de aplicar la vara aplica amor, la pomada del amor sanará esa “herida moral” necesaria para corregir. Al igual que el bisturí de un cirujano para curar y la anestesia para calmar el dolor.

Algunos hijos necesitan más corrección que otros, pero no temas hacerlo, sino lo haces tú, cuando crezca, alguien, ya sea un juez u otro persona, podría aplicar el “castigo” que tú nunca quisiste darles.

Ora constantemente por tus hijos, establece limites y márgenes en su conducta, aplica la corrección cuando sea necesario y sobre todo que tengan en claro que no hay persona en el mundo que les ama más que tú.

 


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