Esperanza!

Algunos se habrán enterado ya que mi padre está hospitalizado, tiene ya más de 10 días, y aún seguirá en el hospital, aunque su estado de ánimo y su semblante refleja mejoría al estado como ingreso, las peores noticias que uno desearía escuchar nos cayeron como balde de agua fría. Sí, sí confío y creo que Dios puede obrar un milagro, pero también se que es Soberano, y su voluntad debemos aceptarla.

Uno nunca está preparado para estas situaciones. Mi ánimo, he de confesarlo, ha estado muy bajo. Aunque como único hijo varón y el mayor debo de estar ecuánime para dar apoyo a mi madre y mis hermanas en los días que vendrán. Quizá esté siendo demasiado trágico y dramático. Quizá Dios hasta pueda sanar a mi papá. Pero como escribí en mi post anterior, mis fuerzas se han visto reducidas por el temor que viene a “sitiar” mi fe y mi esperanza.

Pero mi papá es fuerte, tiene una fe inquebrantable, su amor y devoción por el Señor son conocidas por muchos. Tanto ha predicado en los mercados como manifestado el amor de Dios palpablemente a los más necesitados. 

Justo estos últimos años se dedicaba a enseñar como “maestro” por vocación y llamado divino a los niños hijos de vendedoras que viajaban de fuera de San Salvador a vender verduras al mercado Tinetti, muy cerca del centro. Ahí la administración del mercado le dio un “puesto” que fue acondicionado como aula de clases, el año pasado una ONG lo premió por su trabajo equipando el aula con muebles y computadoras para uso de los niños. Yo le acompañé algunas veces al inicio de este proyecto, hará unos 5 años atrás. Mientras él iba a algunos lugares claves cada sábado dentro del mercado a predicar “voz en cuello” el evangelio, yo atendía un pequeño grupo de niños, les enseñaba coros y les compartía de Jesús. Cómo desearía tener la oportunidad de volver ha hacerlo con él!

Fue algo que él me enseño ha hacer cuando yo tenía entre los 13 y 15 años. En el mercado de Soyapango mi papá, junto a otros hermanos habían formado un grupo de evangelismo, le llamaban “Marcos 16:15”, y cada sábado por la mañana, cuando más gente va al mercado, llegábamos y cada uno se repartía una zona para predicar, eran unos 5 lugares, se finalizaba predicando justo en el parque frente a la Alcaldía de Soyapango. Algunas veces los mandaban a callar de la Alcaldía.

Mi “ministerio” era con los niños. Yo tenía 2 zonas donde niños muy pobres, la mayoría descalzos que vivían en las zonas marginales aledañas, se reunían conmigo, claro, llevaba galletas y dulces, un atractivo especial, pero mientras llegaba el momento de recibirlas, los niños escuchaban de “otro niño” de 13 años, lecciones de la Biblia, usaba títeres que yo mismo fabricaba, y algunas veces llevaba mi guitarra, siempre les gustaba cantar “coritos”. Jamás olvidaré esos años, algunas veces mi papá me llevaba obligado ya que como “cipote” alguna veces no quería ir, pero cómo agradezco eso que me llevará! 

Años después mi papá decidió servir a los niños “huelepega” que hace varios años rondaban la Plaza Barrios y el Parque Libertad… mi padre se convirtió en el “hermano que cura” porque siempre cargaba un botiquín y curaba las heridas que sufrían en peleas o cuando eran golpeados por los policías.

Cada semana los visitaba y ellos le esperaban. Les compartía pan, les compartía la Biblia, les compartía el amor de Dios. Estos muchachos desaparecieron de los parques, algunos murieron, otros pudieron dejar la pega y algunas veces él se los ha encontrado por los mercados vendiendo artículos o trabajando en otros quehaceres.

Mi papá fue un portavoz de esperanza siempre! Siempre que hablamos me ha dado esperanza! Siempre me ha dicho que Dios nos va a sacar adelante, sobre todo cuando él se ha dado cuenta de nuestras dificultades y luchas… siempre la palabra de esperanza ha salido de su boca… siempre ha orado por nosotros… porque ha sido un hombre que ha amado la Palabra de Dios, y ha obedecido donde Dios le ha indicado ir, donde muchos de nosotros jamás aceptaríamos ir… 

El “hermano que cura” ahora necesita ser curado de su enfermedad… ojalá el Señor quiera y si no, seguro mi papá estará mucho mejor que cualquiera de nosotros. 

Me voy a dormir con paz después de escribir esto… mi corazón ha estado muy apesarado porque no quiero separarme de él…

Mi alegría en medio de la tristeza es que mi papá ha sido y será por mucho un “portavoz de esperanza” de la esperanza en Dios… Quiera Dios permitirme ser como él…

 


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