Pescadores tenían que ser…

Es por demás decir que lo emocionados que estamos todos los “jalvadoreños” con la actuación de nuestra “gloriosa” selección salvadoreña de fútbol… de playa. Y hago la separación por medio de los puntos suspensivos a propósito, pues muy difícilmente la selección de la Federación de Fútbol podrá emular algo como esto. Está a “corazón y coraje” de distancia… es decir… está lejísimos.

Estos 12 valientes guerreros salidos de la nada serán por ahora los guanakos más mimados del país. ¿Y quiénes son? Unos “nadie” antes, los héroes de Ravenna a partir de ayer. Son los tipos más sencillos y comunes, representan a uno de los sectores que más luchan por sobrevivir en nuestra sociedad. Creo que desde ahora en adelante cada vez que te encuentres a un pescador en las playas de El Salvador vas a sentir un respeto por esta gente.

Quizás por ser tan comunes y sencillos es que el gane sobre Italia se vuelve más significativo, ellos podrían ser tú. Representan al salvadoreño luchador, al jornalero, al albañil, al motorista, al obrero, al profesor, al estudiante, al “cipote” que juega fútbol en la calle, son tan “humanos como tú”. Verlos descalzos no es raro. No es porque van a jugar en la arena, es porque así son, pies descalzos, los ves así todo el día. Son más salvadoreños que cualquier otro.

Seguremente, y esto es idea mía, por esa razón Jesús llamó, entre sus primeros seguidores, a unos pescadores, toscos y sencillos. Pedro, Juan, Santiago, Andrés, gente común y corriente, enseñados a persistir y resistir en las duras tormentas de la vida. Y Jesús los llevó a ser líderes, a influenciar a otros, de manera positiva y divina.

Estos 12 pescadores nos dejan una lección de humildad, de patriotismo verdadero, de resistir y nunca rendirse. Sin ambición ni sed de reconocimientos y premios (Como cualquier selección mayor de fútbol de cualquier país lo es), jugar por divertirse, jugar con pasión, pero jamás darse por vencidos.

Los 12 de Jesús también nos dejan lecciones de vida. Ninguno de ellos terminó en el pedestal del reconocimiento, “apóstol” no era un título nobiliario para ellos como lo es para algunos ahora, “apóstol” significaba “marcado para morir como su Rey”, encarcelados, azotados, perseguidos, despreciados por los suyos, aserrados, hervidos, crucificados, quemados, desterrados. Vivir, luchar por la causa hasta entregarlo todo, sin buscar el reconocimiento.

(A propósito, ten mucho cuidado con aquellos que ahora se hacen llamar “apóstoles”, “profetas”, etc, pídele que te muestren sus credenciales de su apostolado: las marcas de los azotes, las veces que han sido encadenados y encarcelados, las veces que ha  sufrido hambre y persecución.)

Pescadores tenían que ser… gente que no regresará a casa sin el alimento para los suyos, aunque esto implique sumergirse en el océano bajo un ardiente sol, o navegar en medio de una aterradora tormenta.


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