La verdadera adoración no tiene nada que ver con canciones…

Me encanta cantar y dirigir canciones de alabanza. Lo hago desde los 12 años. Mi papá se compró una guitarra, él quería aprender para acompañarse y cantar al Señor (creo que hubiera sido muy bueno haciéndolo), de hecho él es muy bien entonado, tiene una voz de barítono y solía cantar muy bien las canciones de Pedro Infante y Jorge Negrete, además de tener muy buena voz tiene el oído afinado. Creo que se lo debe a que de pequeño era parte del coro del Hogar del Niño, el orfanato donde creció. De él aprendí a tocar la armónica, tenía entonces yo unos 8 ó 9 años de edad. El era muy selectivo a la hora de escuchar música, recuerdo que le gustaba escuchar tríos, boleros, mambos, hasta a Gardel, todo lo que era de moda y de calidad de ese tiempo, tenía una colección grande de LPs, albumes y discos de 45 rpm. Cuando se convirtió destruyó todos esos discos. De alguna forma él sabía que esa música lo podía mantener “en el mundo”. Al tiempo de su conversión estaba sufriendo de alcoholismo avanzado, mi madre empezaba a sufrir mucho, yo tenía 10 años, mis hermanas 8 y 4. Pero Dios nos envió la luz y mi papá recibió a Cristo y tuvo un cambió radical. Así que, los restos que aun quedan de mi primer guitarra (la que él compró para sí) y que cuelgan en uno de los postes de mi terraza, tienen un significado muy especial.

Con la guitarra en mis manos, conseguí unos fascículos de Guitarra Fácil, un método para aprender a tocar canciones populares, y comencé a descifrar los dibujitos con puntitos y rayas que señalaban la posición de los dedos. Tengo una mala técnica para tocar porque confieso que nunca recibí una sola clase, ni siquiera nadie me enseñó a cambiar cuerdas. Lo mismo fue con la flauta dulce, mi entonces pastor, un joven de 22 años, la tocaba muy bien, recuerdo que tenía una flauta muy fina, de madera, marca Hohner, mi papá me compró una de baquelita y recibí la primer clase de parte del pastor: 5 minutos para enseñarme la posición de los dedos para hacer “do re mi fa sol la si”. Eso fue todo! Cuando tenía la oportunidad de observar a alguien tocando guitarra le clavaba mi vista en sus manos, al llegar a casa trataba de imitar lo que había aprendido. Habían muchos tríos y dúos por ese entonces, me quedaba con la música más “moderna”. Así que cuando aprendí a tocar un par de acordes (al menos decir que los descifré de alguna canción de José Luis Perales o de los Beatles en los libritos de Guitarra Fácil) comencé a acompañar los “coritos” con los niños. Luego al llegar a la “sociedad” de jóvenes me ponían a dirigir himnos y coros, y así, sin saber que había un “ministerio” para los que dirigen alabanza (en los 80’s no había nada de ministros, líderes, salmistas, siervo, varón, etc.) sin escogerlo y sin recibir “un llamado” ya estaba haciéndolo.

¿Qué tiene que ver todo esto con el título de mi entrada? Que todo inició porque alguien, en este caso mi papá, fue receptor  de la gracia de Dios, escuchó el evangelio y se convirtió, Dios lo sacó del alcoholismo y lo transformó conviertiéndolo en un evangelista en los mercados y parques de S.S. y Soyapango. Ahora es un maestro/tutor de niños en riesgo en un mercado de una zona muy peligrosa en el sureste de San Salvador. Le dio sentido y propósito a una vida que, sin Jesús, hubiera terminado en las calles, pero no predicando, sino buscando comer de un basurero, con una familia destrozada y con unos hijos metidos en muchos problemas.

Al encontrar a Jesús, mi papá quería comenzar su nueva vida dándole su gratitud y alabarlo, eso lo motivó a comprar una guitarra. Pero lo que hizo mi papá fue convertir a su hijo en su instrumento para alabarle, sin él planificarlo, un hijo que debe recordar el poder del amor de Dios al rescatar una familia al borde de la destrucción en cada canción que toque.

Una de mis historias favoritas de la Biblia, quizá porque ese era el pasaje que se predicó cuando mi papá recibió a Cristo: El encuentro de la mujer samaritana con Jesús. El Señor le dice a la mujer “mi Padre está buscando adoradores, y los que le adoren es necesario que lo hagan en espíritu y verdad”. Acto seguido la mujer reconoce a Jesús como el Mesías y va con sus vecinos para contarles las buenas noticias. Estos le acompañan de regreso y conocen a Jesús personalmente!. La mujer samaritana se volvió una adoradora en espíritu y verdad. Y no tenía nada que ver con canciones ni música, tenía que ver con una vida agradecida que anuncia a Jesús a quienes les rodean.

Así que si tienes la oportunidad de cantar a Jesús, alabar su Nombre por sus obras, por sus proezas, por su magnificencia, por favor no seas tímido ni mezquino. Si Dios ha hecho una obra en tu vida que merece anunciarse ¿Por qué no hacerlo al son de guitarras y tambores? Y aunque la adoración verdadera no tiene que ver con la música, Dios usará la alabanza como un vehículo para salvar personas, como usó a Pablo y Silas en Filipos, cuando encerrados en un pozo profundo y atados de manos y pies al cepo, cantaron himnos, la cárcel se abrió por un terremoto y el carcelero, seguramente un hombre despiadado y cruel (pudo él mismo haber azotado a los discipulos), se encontró con Jesús y su vida fue transformada al punto de “vendar las heridas” de los azotes de Pablo y Silas.

La verdadera adoración tiene que ver con un corazón agradecido que quiere anunciar a Cristo Jesús, entonces para hacerlo si tienes que usar las canciones debes hacerlo, y cuando las uses recuerda: Estás anunciando que Dios tiene poder para transformar los destinos sin esperanza y sin luz, a vidas llenas de fe y propósito divino.


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