En el cielo todos los días serán domingos…

¡Qué bonitos los días domingos! Son los mejores de la semana sin duda alguna, hay muchas oportunidades para expandir el reino y que nuestras vidas sean transformadas. El unirnos a nuestros hermanos para celebrar el amor de Dios, para alabar su Nombre, para orar unos por otros, para animarnos y fortalecer los lazos como hermanos. Así que es mejor decir ¡Gracias a Dios es domingo!.

Creo que en el cielo todos los días serán domingos, o al menos espero que así sean… es bueno levantarse temprano (aunque cuesta) para salir a preparar el lugar donde nos reuniremos, no me imagino haciendo otra cosa, lo hago desde pequeño, servir en la “iglesia”… con excepción de algunos “años sabáticos” obligados, los domingos han sido el pivote de mi semana. Cuando tenía entre 12 y 15 años era común que un domingo fuera: por la mañana a la “iglesia”, luego después del almuerzo salíamos con un grupo de unas 15 personas a evangelizar al Parque Cuscatlán, antes de llegar a dicho parque pasábamos a visitar a algunas personas en un hospital. Ahora los domingos son más familiares y con los amigos, con los compañeros de ministerio.

Este fue un domingo muy especial… aunque confieso que ahora sí me costó convencer a mi almohada de dejarme ir. Los equipos de servidores puntualmente estaban en sus puestos, gracias a Dios por estos fieles hermanos que domingo a domingo sirven en cada culto de cada campus. Luego de salir de los 4 cultos una familia nos invitó a comer una deliciosas “home made” hamburguesas, y charlamos muy ameno. Entrando la noche junto a un colega de alabanza fuimos al primer concierto de la Orquesta Sinfónica Cristiana de El Salvador, qué calidad de música y de músicos. Aunque uno podía deleitarse escuchando las piezas tan bien ejecutadas trataba de imaginarme al Señor poniendo su oído hacia la esquinita de la tierra donde estábamos para escuchar las alabanzas que en algún momento me emocionaron tanto al escuchar. Nuestro Rey es digno de suprema alabanza! En ese concierto fue bueno encontrarnos con otros hermanos de Vidanueva, somos como una familia. Para finalizar, nuestros amigos los Rodríguez nos invitaron a compartir unas deliciosas pupusitas de arroz y pancito dulce con cafecito. Qué más se puede pedir para un domingo muy especial, después de una semana muy triste para la familia por la despedida de mi primo. Créeme que uno siente el amor y el cariño que la gente nos tiene, algo que vale más que mil millones de dólares.

Ojalá y en el cielo todos los días sean domingos!


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