Lecciones de un luchador…

Esta no es una película de teología, ni mucho menos bíblica, la verdad es que si por usarla para tomar algunas lecciones me vas a catalogar de “iletrado” está bien conmigo!

Pero de seguro más de alguna vez has usado o citado una frase o una secuencia de alguna película para ilustrar algo que has querido comunicar. Y si piensas que esto lo escribí especialmente para ti, estás en lo correcto! así es!

Nacho libre es un monje “güero” que vive en las montañas lejanas en algún sitio de México, un país donde la lucha libre show es un deporte muy popular. Los más viejitos como yo de seguro recuerdan al Santo, el enmascarado de plata contra las momias de Guanajuato. Nacho Libre es una sátira que logra capturar cómicamente la ideosincracia de esta cultura. Y la película nos deja algunas lecciones.

No soy teólogo ni experto en griego, hebreo, latín, arameo, ni mucho menos nahuatl, pero hay un lenguaje llamado sentido común, que usa nuestras vivencias diarias para comunicarnos algo. Este monje, hijo de un diácono católico mexicano y de una misionera luterana alemana que murieron cuando él era un niño, crece en un hogar para huérfanos y es críado dentro de un monasterio. Sus tareas: Cocinar para todos… visitar los muertos, e ir de compras al mercado. Desde niño soñaba con convertirse en un luchador para ser aclamado y admirado por las multitudes, sueño que luego hace realidad pero con un propósito diferente: ganar dinero para mejorar la calidad de vida de los huérfanos. Suena familiar no el argumento no?

Nacho rompe con la tradición religiosa de su monasterio. En lugar de quejarse por la carestía de cosas, por la situación en que están, él decide enfrentarse al mundo y servir a su comunidad. Descubre su misión en la vida y se lanza tras ella. En su camino “evangeliza” a su compañero de lucha: Esqueleto, quien es un ateo vagamundo que solo cree en la ciencia. Sin Dios en la vida.

Hoy en día en las iglesias también hay muchos ateos, dentro de los seminarios también los hay, de hecho hay pastores, maestros, teólogos que lo son… Viven en la práctica diaria sin Dios, ateos de practica, no consideran los mandamientos de Dios ni su voluntad, ni ponen en práctica lo que enseñan o dicen creer. Como el monasterio donde vive Nacho, son solo religiosos acostumbrados a vivir de una manera sin una verdadera transformación del corazón.

Nacho se enfrenta a sus debilidades y temores y los supera. Su visión es transformada y el propósito para el cual vive se reenfoca para vivir por los demás.

Existen tantos “Esqueletos” en nuestras iglesias, que deambulan como ateos en la práctica. Raquíticos de vida, robando las viandas de otros y viviendo en la miseria que la falta del sentido de la vida produce.

Pero gracias a Dios por los “Nachos” que renunciando a sus propios deseos desafían el religiosismo por amor de otros, entregando sueños y orgullos y permitiendo que Dios transforme sus corazones.

Este luchador nos deja varias lecciones, sobre todo que nuestra lucha no es contra sangre o carne… sino contra las fuerzas armadas de las tinieblas que hacen y dicen cuanta cosa sea por destruir al ejército de Dios, su Iglesia y su obra por hacer que el reino de Dios avance.

Quiero ser como Nacho… iletrado, pero con el suficiente temple por derrotar al “Ramsés” que cada uno lleva en su interior, ese becerro dorado de nuestro ego, deseos y orgullo, que nos hace mostrar tanta amargura y enojo contra la gente.


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