De tipos e impresiones.

Mi abuelo materno murió cuando yo tenía unos 6 ó 7 años, tengo los mejores recuerdos de un típico abuelito. Junto a otros 2 amigos tenía una imprenta o tipografía como les llamaban en ese entonces. Carlos era su nombre, trabajó muchos años en uno de los periódicos del país como tipógrafo. Los tipógrafos armaban las placas que luego serían entintadas para ser impresas en el papel. Estoy más que seguro que si mi abuelo no hubiera muerto en ese entonces yo habría aprendido su oficio y sería su sucesor administrando la imprenta. Amo la tipografía, es algo que corre por mis venas, la parte de diseñador gráfico que tengo la heredé de él. Seguro que hubiera sido su nieto favorito! jaja!

Ahora es mucho más fácil crear una pieza impresa, cualquiera (sin tener de menos a nadie) puede crear una hoja impresa. Si se usa un medio digital es cuestión de minutos, con una computadora y una impresora laser, obtener una impresión “impresionante” valga la redundacia. Pero antes no era así, era un arte “diseñar” con los “tipos” que usaban en las imprentas. Eran piezas de metal que tenía grabadas las letras, como las antiguas máquinas de escribir. El cajista o tipógrafo debía armar alrevés los diseños para poder imprimir correctamente, debía conocer donde se guardaba los tipos y por su forma y tamaño. Sencillamente era un oficio que podía convertirse en un arte si era ejecutado con belleza y gracia. Requería ser minucioso, cuidadoso, cualquier error o mala colocación podía salir caro.

Me hace pensar en Dios como el Perfecto y Supremo Tipógrafo, quien nos considera a nosotros por medio del apóstol Pablo como “cartas” en 1 Corintos 3:1-3

1 ¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? 2 Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres  3 siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.

Es el Espíritu Santo quien compone y dispone lo que va a escribir. Mi preciosa hija suele hacer “cartitas” de amor para su mami y para mí, dibuja corazones y florcitas, usa colores y letras diferentes, puedes literalmente leer el amor de ella en sus cartitas. Sus cartas tienen el mensaje y la manera de entregar el mensaje, imagina que carta más hermosa no escribirá Dios, imagina Su letra, su estilo, su manera de presentarla, el papel que usaría, los colores, la textura… sería hermosa no crees?

Dios quiere usarnos como esa carta para llevar su mensaje de amor, por eso trabaja en nuestras vidas para presentarnos como cartas que hablen de su gloria, de su bondad y su gracia! A veces Dios debe quitar algo y cambiarlo, debe usar presión para imprimir sobre nuestros corazones de la misma manera que una impresora lo hace, y a veces duele, a veces tiene que limpiarnos y purificarnos. Pero Él lo hace con el fin de que seamos dignas “cartas de Cristo”, que se quieran leer y que puedan comunicar el mensaje escrito con la tinta más hermosa que existe.

El Espíritu Santo trabaja día a día para que seamos cartas de Cristo. Yo quiero ser una carta de Cristo, y sé que necesito que sea Él quien “diseñe y escriba” mi vida. No sea yo quien escriba y no sea mi mensaje, sea el mensaje de Jesús escrito y dispuesto por el Espíritu Santo, así la gente conocerá al Rey.

Yo quiero ser una carta de Cristo… quieres tú?

 


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