Oye, oh Dios…

Salmo 61:1-3

“Oye, oh Dios, mi clamor; A mi oración atiende. Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo, Porque tú has sido mi refugio, Y torre fuerte delante del enemigo.”

Seguro que tú como yo has sentido que Dios a veces no oye nuestro clamor… por más que le rogamos uno llega a pensar que Él cierra su oído al ruego de tu corazón, aún si es algo que procura el bien de otra persona.

¿Será así? ¿Escuchará Dios o simplemente pone una tapa a algunas de nuestras oraciones? ¿Escuchará siempre Dios nuestro oración?

Jeremías 33:3 dice que si clamamos Él nos respondería. Pero no responde cual le clamo. Por supuesto Dios es perfecto y yo nada más soy la más minúscula partícula de polvo que gravita el inmenso y vasto universo. No pretendo que Él me escuche a mí nada más porque sí.

Por el momento habrá una petición en mi corazón que Dios no contestará jamás, quedará en mi corazón para siempre, guardada ahí si poder olvidarla.

Nunca olvidaré la primera vez que la vi… como extendió sus brazos hacia mí para que la cargara.

Jamás imaginé que en ese momento mi corazón quedaría ligado para siempre a una indefensa criatura que sin ella planearlo acabaría por pasar la navidad del año pasado en nuestro hogar. Abandonada a la fortuna, abandonada.

Jamás podré escuchar otra vez la canción de navidad que poníamos en el carro y que ella cantaba muy bien, no olvidaré su boquita al articular el “u u u u u” de ese villáncico.

Tampoco olvidaré la vez que hizo algo incorrecto y la reprendimos y la manera como lloró. No olvidaré sus besitos y su risa. Ni las veces que al vernos abrazarnos con Gilma se molestaba y me decía: “no no no”, los celos de una niña por una mamá.

No olvidaré su cabello alborotado y su rostro radiante y feliz de despertar junto a Amy,  me hacía levantarme antes de lo acostumbrado.

No se ni como se clavó en nuestros corazones. Pero ahora estará ahí siempre, nos enseñó a amar porque aprendió a darnos su amor.

Ella no tiene culpa alguna de lo que ahora sufrimos. Es como despedir a alguien sin que haya muerto, no hay pésames, no hay un funeral, pero sí un profundo dolor.

No sabemos como teniendo tres bellos hijos sentimos tanto que ella no pudiera ser parte de nuestra familia. No se como es eso.

Solo espero que ella encuentre en el país que determine que debe ir gente que la ame y la cuide. Que no vaya a ser una niña más en un orfanato, o crecer un zonas de riesgo…

En casa hay un luto silencioso, cada uno lo sufre a su manera y en silencio, Y con una rabia escondida por no poder hacer nada. En un mundo donde la ley del hombre puede más que la ley del amor.

Esta será cicatriz que tardará mucho en cerrarse y que me hará refugiarme en Dios.

Espero un día poder verla en el cielo y que el Señor me diga: “Ella es… yo cuidé de ella siempre!”

Así podré decir… de verdad Señor escuchaste mi clamor.

 

 


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