Enero 11. Oir su voz.

Juan 10 es uno de los capítulos más hermosos de este Evangelio. Jesús se revela como el Buen Pastor. Puedo recordar el Salmo 23 al leer Juan 10, en los versículos 27 y 28 se leen las palabras de Jesús: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” Es un hermoso trozo de la Escritura para colocarlo en un cartel que tenga como fondo una bellísima ilustración o fotografía de un rebaño de ovejas junto a su pastor y luego colgar este cuadro en la pared de mi sala. Así es como terminarían estos versículos de no ser por la gracia de Dios, y no pretendo hacer ni dar un estudio de este texto, no soy ningún maestro ni pretendo “predicarlo” aquí, por pura reflexión personal al volver a leerlo detenidamente me hago estas preguntas:

1. ¿Soy oveja de Jesús? o de otra manera ¿Es Jesús mi pastor? Si en verdad lo soy, ¿estoy oyendo su voz? Adán y Eva oyeron la voz de Dios en el huerto pero se escondieron (Gen 3.8). Si hay pecado en mi vida lo más natural es esconderme de la voz de Dios. La Biblia nos enseña que oír la voz de Dios tiene que ver con obedecerle. Gen. 26.5 “por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.”

2. ¿Me conoce el Buen Pastor? Puedo conocer a alguien si paso tiempo con esa persona. ¿Tengo yo tal relación de intimidad con Dios que Él me conoce tan bien? Un pastor debe pasar todo el día con las ovejas y con toda seguridad así es como conoce cada rasgo de ellas, además de la marca que cada rebaño usa para diferenciarlas de otros. ¿Tengo la marca de Dios? La circuncisión era la marca para el pueblo de Israel, lo cual significaba que sería apartado de los demás pueblos de la tierra. 1 Tim 2.19 me enseña: “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo”. Quien es conocido por el Señor se aparta de la iniquidad. El Espíritu Santo nos “marca” para ser conocidos del Señor, apartados para Él. “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,” Ef. 1.13

3. ¿Estoy siguiendo al Buen Pastor? Como resultado de oír su voz y obedecerle, de ser conocido por Él apartándome para vivir para Él debo saber hacia “donde va” mi Pastor y por ello seguirle. Veo el proceso natural de aceptar a Cristo (Oír su voz), ser reconocidos por Él (Bautismo, señal de obediencia total) y ser un discípulo de Jesús (seguirle). Seguir implica no despegarse nunca de Él. Si me despegó me pierdo. No separarse del rebaño (iglesia). No seguir mi propio camino.

Que hermoso lo que sigue después: Él me da vida eterna. Una vida eterna de la que podemos echar mano ahora (1 Ti 6.12). Cuando consideramos el futuro que tendremos con el Señor cualquier circunstancia adversa que tenemos aquí hoy la podemos ver de diferente manera. Debo enfocarme en lo eterno, y la vida eterna consiste en conocer a Dios, Juan 17.2-3: como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”

No perecerán jamás. Todos tenemos temor a “desaparecer algún día”, tememos a la muerte, a desaparecer de la memoria de los que hemos amado, pero nuestro Buen Pastor nos garantiza que seremos parte del rebaño siempre. Un día estaremos reunidos en el cielo para siempre, es nuestra esperanza y por ella podemos amar deliberadamente y debemos hacerlo, aunque nuestro cuerpo se vaya “muriendo” lentamente puedo estar seguro que vivo para siempre porque he creído en el Buen Pastor y como él lo dice en Juan 11:25: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”.

Y por último me dice que nadie las arrebatará de mi mano”. Tengo el cuadro mental de David contando a Saúl de como arrebataba las presas de león o el oso. Aquí el Buen Pastor me da la seguridad que eso no será necesario, pues nos tiene en su mano. Nadie es nadie, ni aunque venga con violencia, estamos en su mano. Nos protege! ¿Por qué hemos de temer? Pero… el riesgo es que yo suelte su mano y sea yo quien le deje. Nadie nos puede arrebatar de su mano pero yo sí puedo “escaparme” de escuchar su voz, de obedecerle y de permanecer tan cerca de Él que esté en su mano.

Padre

Que nunca me aparte de Ti. Que escuche tu voz, que te obedezca y que te siga donde vayas. Tú eres el Buen Pastor que dio su vida por nosotros. Gracias. Sea tu Nombre bendito por la eternidad.

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