Enero 10. La “casa” del Padre.

El último versículo del capítulo 7 de Juan y el primero del capítulo 8 nos “juegan” un pequeño truco… si los unimos como uno solo resultaría esto: “Cada uno se fue a su casa; y Jesús se fue al monte de los Olivos”. En realidad cuando el escritor hacía el relato no dividió el texto para estar en 2 capítulos diferentes, la distribución en capítulos y versículos se hizo posteriormente, así que podemos sin ningún problema afirmar que esa era un trozo unido. Me hace reflexionar acerca del tiempo que Jesús pasaba a solas con su Padre, Jesús se retiraba al monte de los Olivos a orar, a buscar a Dios, a conectar con Dios después de haber estado conectado con la gente. Si Jesús mismo necesitaba esa intensidad de conexión cuánto más yo lo necesito. Pero a veces pasa que lo dice el versículo 53 del capítulo 7: “cada uno se fue a su casa”… cada uno se va a lo suyo, cuando hay momentos para buscar a Dios nuestra naturaleza terrenal nos empuja a regresar a “casa”. ¿Por qué no buscar la “casa” del Padre? El monte de los Olivos se había vuelto esa clase de “casa” para Jesús, ahí se reunía con el Padre, ahí tenía comunión íntima con el Padre. Oraba, quizá cantaba, le escuchaba. Si yo pudiera elegir estar con el Padre a diario (no significa abandonar todo lo demás importante que hago), pero si tan siquiera deseara tanto estar con Dios que le buscara de todo corazón mi manera de ver las cosas sería más a la manera de Cristo.

Pienso en los momentos que compartimos como “iglesia” en la “iglesia” cada fin de semana, los jueves o viernes y el domingo… ¿qué si fueran esos momentos “santos” (apartados) para exclusivamente conectar con el Padre tal cual Jesús usaba el monte de los Olivos?

Es real que nuestro lugar de reunión no es un monte, ni siquiera un pequeño jardín. Pero pudiéramos considerarlo el lugar apartado para reunirnos con el Padre. Puede ser el salón de un hotel, puede ser el cuarto o el patio de mi casa. Lo importante es apartar el lugar y el tiempo para tomar de la vida que viene del Cielo.

¿Necesitamos esos lugares? De la misma manera como un pequeño niño necesita los brazos y los arrullos de una madre también nosotros necesitamos la presencia y la voz de nuestro Padre Celestial.

Apartemos un lugar, una hora, un espacio en nuestra vida para dejar de ir a lo nuestro y buscar ir al “monte”. O pensemos que cada vez que vamos a la “iglesia” vamos a ese “monte” donde nos reuniremos con nuestro Padre, una cálida e íntima reunión familiar, un lugar donde el Cielo se toca con la Tierra. Jesús nos enseño como hacerlo.

 

Padre

Quiero subir al monte de los Olivos donde pueda encontrarte, donde pueda escucharte, donde también Tú quieras y te deleites en escucharme.

Willo


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