Enero 6. El deseo de Dios por morar en medio de nosotros.

¿Está Dios sólo en los cielos? Si el cielo es un lugar lleno de belleza, de paz, de salud, de plenitud ¿Por qué Dios escoge querer habitar en medio de nosotros? ¿Tenemos algo especial nosotros? No. Pero Dios no puede hacer menos que eso. Digo, está en su naturaleza, está lleno de gracia y de verdad, es naturalmente amor, no “re-piensa” a quien amar, ni siquiera escoge a quien amar, no está en su naturaleza porque Dios es amor. Pero también en es fuego consumidor (diferente al fuego refinador con que nos prueba). Además es celoso, ¿Celoso como nosotros? No, nuestra naturaleza corrupta no refleja a Dios. Pero Él tiene un celo ardiente porque nosotros vivamos para Él. ¿Por qué? Sencillamente porque somos sus criaturas. Dios nos hizo con amor, nos bendijo y nos ordenó que nos multiplicáramos. Quería más de nosotros, más gente que fuera a su imagen. Pero papá Adán falló, y si fallamos nosotros. Pero aún así, Dios quería compartir su morada con nosotros, después de todo creó la Tierra como morada para Él y nosotros, si quieres verlo de esta manera, la Tierra sería como la “casa de campo” para Él y nos pondría allí para cuidarla y tener comunión con Él. Y aunque fallamos, Dios se “empecinó” en cumplir su plan original en la Tierra y con nosotros y fue por eso que envió a su precioso Hijo. ¿Cómo respondemos a ese acto? Juan 14.23 dice: “El que me ama, mi palabra guardará…” Respondemos de la misma manera que Dios obró: Amando a Jesús, lo que nos llevará a guardar su palabra. Al estar establecida esa condición en nosotros Juan sigue diciendo: “y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” El huerto del Edén en tu corazón, el Tabernáculo dentro de ti, seremos templo y morada del Espíritu Santo (1 Cor. 3.16, 6:19). Esto me asombra porque soy la persona más indicada para que Dios more, de todos los habitantes de la Tierra no soy la persona adecuada. Pero Dios envió a su precioso Hijo a limpiar esa morada, Marcos 11 relata la visita de Jesús al templo y como sacó a la fuerza a los mercaderes de “ofrendas” que habían dentro. El verso 17 dice estas palabras del Maestro: “Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.” De la misma manera la sangre de Cristo limpia nuestro ser para poder hacernos “casa” para Él, dejamos de ser la “cueva de ladrones”. Pero tantas veces el pueblo de Israel dejó a Dios por los ídolos, para dar morada a ladrones de la gloria de Dios, y tantas veces Dios los llamó a arrepentirse. Él nos llama a ser su morada en la Tierra, tal como Él lo planeó. Comunión con nosotros, sin que la merezcamos o hayamos ganado ese privilegio, simplemente porque Él está “lleno de gracia y de verdad” como lo remarca Juan 1.14 ” aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

Padre

Cuántas veces en mi vida mi corazón se ha vuelto una cueva oscura donde habitan deseos que roban tu gloria y Tú has estado esperando en la puerta para que habrá. No comprendo tu gracia, mi mente no fue alberga tal concepto. Es algo que solo Tú puedes tener, es parte de tu naturaleza divina. Quiero que mores conmigo, mejor dicho, permíteme habitar contigo siempre, y mantener mi casa ordenada y limpia… y poder multiplicar tu lugar de habitación en la Tierra. Mi vida está completa contigo y fuera de Ti soy la más pequeña partícula de polvo que se mueve en tu Universo.

Amén

Willo


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