¿La gloria de Dios, una “droga”?

Recientemente al buscar algo que escuchar en el radio del carro “aterricé” en una reconocida radio cristiana, estaba sonando una canción con una letra muy peculiar, decía algo como “soy adicta a tu gloria, no puedo vivir sin ti”. Quedé sorprendido de la comparación, no dudo que con muy buena intención, pero creo que hizo falta un poco de “creatividad” o “inspiración” de parte del autor en esta canción. No digamos nada del criterio de quienes la programan (debería haber una dirección de la radiodifusión y espectáculos públicos quizá?)

¿Qué de malo tiene de comparar el deseo por la gloria de Dios con la adicción a una droga? Bueno, esta canción refleja sencillamente como algunos creyentes ven a Dios, como una experiencia a sentir, un momento de éxtasis que aparta de la realidad. Tristemente muchos solo buscan una experiencia por sobre la transformación del carácter. Dios no es algo para experimentar, es la vida misma.

Algunos usamos a Dios para escapar de nuestros problemas (que muchas veces son consecuencia de nuestro mal formado carácter)


One thought on “¿La gloria de Dios, una “droga”?

  1. Amado hermano en Cristo:

    Curioseando por internet encontré la página de la iglesia Vida Nueva. Definitivamente, no fué casualidad, pues hayé este artículo en un momento en que, debo tomar una decisión trascendental para mi vida espiritual.

    Estoy totalmente de acuerdo con usted; y con conocimiento de causa, pues los últimos 14 años he sido pentecostal. Pero en las últimas semanas, Dios me ha venido tratando conmigo varias cosas, entre ellas, lo que usted plantea…

    Reconozco que he recibido muchas cosas buenas en la denominación a la que he pertenecido estos 14 años; pero debo ser realista de que -en general- las iglesias pentecostales miden la fe y la madurez cristiana de alguien por la cantidad de eventos y actividades a la que asista (porque en ellos se “siente” mucho). Sentimos mucho, pero transformamos poco el carácter.

    Nos quieren tener tan ocupados en eventos, que nos terminan alejando de la vida real, para vivir en un mundo de superespiritualidad. Pero no nos enseñan cómo enfrentar nuestros problemas de la vida diaria que-como usted sabiamente señala- son consecuencias de nuestro mal formado carácter.

    No digo esto por amargura de corazón, sino porque la decisión que debo tomar es: ¿continúo así… o busco una iglesia donde realmente le den importancia a los cambios internos y me ayuden a crecer en todas las áreas de mi vida?

    Todavía unos meses atrás, ni siquiera consideraba la posibilidad de un cambio de denominación; pero Dios me ha llevado a reflexionar mucho sobre qué es realmente lo importante.

    Ahora veo porqué en el último año no encajé en la iglesia a la que he asistido: no quise unirme a ese frenético ir de evento en evento, de búsqueda de éxtasis en éxtasis. Yo quería crecer, que me ayudaran a formar mi carácter. Pero en los últimos días ya había entendido que eso es algo que el liderazgo de la congregación no está dispuesto a hacer. Para decirle que el pastor pidió -desde el púlpito- hace unos seis meses que nadie pidiera consejería con él; pues él no tiene llamado de Dios a ser pastor-consejero; sino, de pastor evangelista. Que cómo va a perder tiempo en nuestros problemas, si lo único que le importa es ganar más almas para Cristo.

    Adelante con su ministerio, Hermano. Dios le bendiga

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