Hola Papá!

Ahora es un día de silencio, y me refiero al tiempo pasado entre la muerte de Jesús y su resurrección. La Biblia dice que Jesús resucitó al tercer día, contando el tiempo hebreo que cada día calendario comenzaba y terminaba a las 6 de la tarde de cada día, Jesús murió antes de las 6, pasaron 3 días que el Señor estuvo muerto. Díficil de enteder siendo él mismo Dios. 

Pero más que llamar la atención al aspecto natural de la muerte de Jesús, que es importante, quisiera enfocar el pensamiento en la parte de la relación que Jesús tenía con el Padre. Los capítulos 14, 15, 16 y 17 del evangelio de Juan nos muestran de manera clara la íntima relación que Jesús tenía con el Padre, Jesús dice:

El que me ha visto a mí ha visto al Padre, 14.9; Yo soy en el Padre y el Padre es en mí… 14.11; Para que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti… 17.21

¿Puedes imaginar ese lapso de silencio entre el Padre y Jesús? ¿Puedes imaginar que una relación de unidad tan perfecta fue interrumpida a causa de la muerte? Los cielos quedaron en completo silencio… la Biblia no habla acerca del dolor del Padre pero puedo deducirlo… He podido ver el amargo y agudo dolor de una madre que pierde a un primogénito mayor… quizá no hay dolor más grande que ese… alguien dijo que cuando una esposa pierde a su esposo se le llama “viuda”, cuando un hijo pierde a su padre se le llama “huérfano”, pero cuando una madre o padre pierde a su hijo, eso no tiene nombre… el dolor es tal que no hay nombre para ese hecho… te imaginas el dolor del Padre celestial al perder a su Hijo… Silencio profundo y pesado en los cielos… nada se mueve… el dolor del silencio… el Hijo que hablaba con el Padre cada día antes del amanecer guardaba silencio, inerte en una tumba. El gozo del Padre no se escuchaba más… pero solo fueron 3 días… al amanecer del tercer día, una roca rodó para dar paso al heredero del Reino de la Vida… ¡Hola Papá! Aquí estoy de regreso… en tus brazos para siempre… casi puedo ver ese profundo abrazo entre el Padre y el Hijo, casi puedo ver la expresión de Dios Padre contemplando a su amadísimo Hijo, viendo sus héridas, acariciando sus rostro… besando su frente… otra vez los corazones latiendo como uno… 

Pudo haber sucedido de esta o de otra forma… Pero ese mismo amor tiene el Padre para nosotros… así también nos espera… cuando abrimos nuestro corazón al Rey para que ocupe el trono de nuestra vida el Padre nos abre las puertas de su casa eterna, para tener comunión como Jesús la tenía con Él…

En Juan 14.2 Jesús dice: En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy pues a preparar lugar para vosotros. Luego en el versículo 23 dice: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.

En los capítulos 14 y 15 vemos las palabras “morada” y “permanecer” y ambas tienen la misma raíz: habitar, vivir, estar, indican una comunión muy cercana y permanente.

¿Te imaginas vivir en la misma casa con alguien y jamás conocerle o comunicarte con esa persona? Imagínate tener acceso a la casa, tener la llave, tener una habitación donde duermes, compartir la sala, el comedor y jamás sentarte a platicar con esa persona… eso no es natural, es ilógico que suceda… pero a veces los hijos de Dios somos así, sólo saludamos de lejos a papá quien siempre nos espera en su sillón favorito para contemplarnos y escucharnos… y cuando necesitamos algo nos acercamos para pedírselo y nada más… muchas veces así somos… ¿Quieres algo papá? ¿Hay algo que pueda hacer para ti? ¿Le hemos preguntado eso a Dios últimamente? 

Piensa que Dios no solo quiso darte la salvación cuando tu murieras, Jesús nos abrió el camino nuevo para entrar a su casa.

 

Hebreos 10.19-25

Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.


Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s