Caudillos y lugares altos

En el monumento a Sandino, en Managua, NicaraguaAl interior de Museo bajo el Monumento a Sandino, mural con retrato de Sandino

El último día que estuvimos en Managua, el domingo, luego de estar en el servicio en VidaNueva Managua y tras almorzar en casa de los Canizales, Julio nos llevó a un “tour” por el centro histórico de la capital de Nicaragua, uno de los lugares más sobresalientes, literalmente porque queda en un lugar alto sobre una loma a lado de la laguna de Tiscapa, visítamos allí el monumento a Sandino, caudillo de la revolución de Nicaragua, bajo el monumento, que es la silueta del General, está un pequeño museo editorial sobre la vida y muerte de Sandino. Un rasgo de toda revolución es que siempre hay un caudillo y mucha sangre derramada de por medio. La mayoria de las tramas involucran injusticia, sed de poder, un imperio opresor, traición, muerte del líder y de sus seguidores.

El diccionario RAE nos da esta definición de caudillo:

Hombre que, como cabeza, guía y manda la gente de guerra.

Jesús, fue traicionado por uno de sus más cercanos seguidores y hombre de confianza, condenado injustamente por su propio pueblo por causas religiosas y fue asesinado salvajemente por el imperio Romano (la ley y la justicia del mundo occidental están basados en el Derecho Romano). Estaría loco si quisiera a comparar a Jesús con hombres como Sandino, Simón Bolivar, Francisco Morazán, el Ché Guevara, William Wallace en Escocia, Abraham Linconl, etc, hombres que fueron traicionados y asesinados, que dirigían ejércitos revolucionarios o de liberación. Solo basta ver en el cine las películas épicas que tratan sobre la vida y causa de estos hombres para tener una idea de lo que significaba ser revolucionario. Cada país, cada pueblo, cada etnia, cada movimiento tiene sus propios caudillos.

Jesús lideró una liberación empuñando nada más que el arma del amor, y sin haber siquiera herido a una sola persona fue crucificado. Al ver el monumento y la devoción de la mayoría de nicaragüenses hacia Sandino, así como en otros países hacia otros caudillos ya muertos o que aún viven, al observar cuantos miles de seguidores pueden arrastrar para desatar los más crueles infiernos de batallas, de derramamientos de sangre, con el fin de liberar u oprimir más a los pueblos, me hago una pregunta muy inocente. ¿Por qué a a la gente le es más fácil seguir a un caudillo armado para derramar sangre que a uno que derramó su propia sangre para ganar la libertad del alma, sin haber empuñado más arma que su propia cruz?

¿A quién sigues tú? ¿Quién o qué cosa está en el lugar más alto de tu corazón, de tu mente? ¿Cuál es tu causa justa?

En el libro de Levítico, capítulo 26, versículo 1 y 30, Dios le da a su pueblo Israel, que recién había sido liberado de la esclavitud de Egipto, una serie de ordenanzas para que las guarden como nación que habrían de ser, dice así:

No haréis para vosotros ídolos, ni escultura, ni os levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra piedra pintada para inclinaros a ella; porque yo soy Jehová vuestro Dios…

Destruiré vuestros lugares altos, y derribaré vuestras imágenes, y pondré vuestros cuerpos muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros ídolos, y mi alma os abominará

Les está advirtiendo que tengan cuidado con los ídolos y de no construir lugares altos que comunmente eran usados para adorar a los mismo ídolos.

Quizá tú ni siquiera creas en Jesús, quizá eres ateo, pero en tu corazón o en tu mente hay un lugar alto, que seguramente está siendo ocupado por alguién o por algo. Puede ser un ideal, una causa, una persona, una falsa deidad. Pudiera ser el dinero o el poder. Sino aún no has hecho a Jesús Rey y Redentor de tu vida alguién o algo más ocupa el lugar más alto en tu corazón, es en quién o qué pones toda tu confianza y esperanza, es lo qué persigues y por lo qué vives. Hay causas justas y buenas, como las hay malas y con intenciones oscuras. Pero nada o nadie podrá llevarte a la verdadera justicia, a la verdadera revolución y verdadera libertad que Jesucristo mismo.

Quizá debas considerar muy a profundidad a quién o qué sigues. Quién está en tu lugar más alto. Si eres creyente en Cristo, ¿De verdad Jesús ocupa el trono de tu vida? Si no, por quien estarías dispuesto a vivir o morir? ¿Estás seguro que tu caudillo no terminará recordado en un monumento solamente o en las páginas de un libro?

Dos mil años han pasado y la causa de Jesús aún sigue… sin armas, sin violencia, aun en medio de la persecusión y de la oposición, sus verdaderos seguidores han persistido en continuar con su revolución, la revolución del alma, contra la tiranía del pecado, de la mentira, de las tinieblas, de la religiosidad. Sometiéndose cada día a ley del Espíritu, luchando contra el mundo y los deseos de la carne.

¿Vives en un país libre? ¿Eres verdaderamente libre? ¿Estás seguro que nada te ata?

Jesús dice en Juan 8:44-36

Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.
Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre.
Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

Si ya decidiste que Jesús sea tu Rey y Redentor, entonces tienes verdadera libertad, sino, lamentablemente, aunque tengas el poder y control de muchas cosas y personas, y no estés sometido más que a tu propia voluntad, aún eres un esclavo. Necesitas una revolución en tu corazón. Necesitas, al igual que yo, a Jesús como caudillo, para que te libere del pecado y te de verdadera libertad.


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