“Filling souls, before filling bellys”…

Recién acabo de escuchar esta frase en un reportaje en el cable sobre Starbucks, la cadena de coffee shops nacida en Seattle. El entrevistado era el mismo fundador de esta compañía, la que actualmente experimenta malos momentos en su negocio. Debido a otros competidores las ventas de Starbucks ha caído y los precios de sus acciones en la bolsa han bajado considerablemente.
“Volver a nuestras raíces… Starbucks debe ser un ambiente más que un coffee shop… nuestra meta debe ser llenar el alma en primer lugar, luego los estómagos”… parafraseando lo que dijo este hombre.
Recuerdo las palabras de Jesús como respuesta a la tentación del diablo en Mt. 4.4

El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Cuantas veces he caído frente a la tentación de llenar mi estómago, de satisfacer mis apetitos carnales, caminar con la barriga llena pero con el alma vacía. Cuantas veces he fallado en estas áreas… dejando a un lado el hambre de mi alma. Y no me refiero solamente a la comida sino a todo aquello que “alimenta” nuestra carne. Como por ejemplo: comprarte alguna prenda de vestir solo por satisfacer mi “autoestima” (Gal. 5.16
).
Jesús nos enseña claramente que nadie que no llene su alma del pan de Dios, de su palabra, puede sobrevivir en el desierto de la autocomplacencia de este mundo.

Tampoco puedo dejar de pensar en las iglesias, muchas de las personas van nada más por llenar sus estómagos “emocionales”, van por una experiencia más que por una vida, asisten a un culto por “ver” y “sentir” algo, algunos le llaman el “poder”. Nos hemos conformado al mundo, buscando emociones y sentimientos. La gente sigue hambrienta, muchos púlpitos están llenos precisamente de emocionalismo pero vacíos del pan de Dios, de la palabra (Ap. 3.14-22)
¿Por qué razón? Sencillamente porque ceden ante la tentación de “convertir las piedras en pan”. ¿Te comerías algo duro, seco y árido? ¿Morderías una roca? ¿Saborearías una piedra? Lastímosamente de eso es lo que nos alimentamos, o al menos ingerimos, cuando hacemos a un lado la palabra de Dios, el verdadero pan que da vida al hombre.
¿Qué estás alimentando, tu alma o tu “estómago”? ¿Que te dan de comer en tu iglesia?
En mi corto ministerio como director de adoración, he visto como algunas personas buscan llenar con una experiencia emocional su alma hambrienta. Y mucha gente va de iglesia en iglesia, de evento en evento, buscando esa experiencia, esa “alabanza” que les haga “sentir” que están vivos.
Yo te invito a ir al desierto de las emociones y de los sentimientos, ahí donde la única manera de sobrevivir es comer del pan de Dios, de toda palabra que sale de Su boca.
¿Que lugar más raro para un banquete, no? el desierto (Sal. 136.16)… Los pensamientos de Dios no son nuestros pensamientos (Is. 55.8)…


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