Una cosa te falta…

Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Lucas 18:22 RV1960 

Ningún ser humano nace pensando en morir, nuestra primer reacción al salir del vientre de nuestra madre es tomar una bocanada de aire… y de allí nuestra vida es una lucha constante por mantenerla. Nadie quiere morir… luego con el tiempo nuestro deseo por vivir eternamente (Ec. 3.11) se va abriendo paso… es parte de nuestro ADN, fuímos creados para vivir eternamente, así que es natural. Pero a causa del pecado, la vida se convirtió en muerte (Rom. 6.23). Este hombre principal del pasaje bíblico citado no era la excepción, y seguramente que vivía persiguiendo la inmortalidad diariamente al decirle a Jesús que desde su juventud cumplía los Mandamientos… quizá eso lo hacía ser uno de los “principales”, un líder reconocido entre el pueblo.
Pero, una cosa le faltaba… ¿A alguien que poseía muchas riquezas le faltaba algo? Tenía riquezas en la tierra pero no tenía tesoro en el cielo… ¿Qué cosa le faltaba a este líder, a este principal de entre su pueblo, un hombre muy religioso con el deseo de tener la vida eterna? ¿Le faltaba nada más vender sus riquezas y darla a los pobres? ¿Era eso lo que le faltaba? ¡¡NO!! Este hombre pudo haber vendido todo y haberlo dado a los pobres y eso no sería suficiente para entrar en la vida eterna (Ef. 2.8-9). La cosa que le faltaba a este hombre son las últimas palabras del versículo 22 de Lucas 18: “VEN, SIGUEME”.
¿Cumplir los Mandamientos no era suficiente para que este hombre heredara la vida eterna? ¿Vender sus riquezas y darlo a los pobres? Podríamos discutir mucho sobre esto… pero quiero resaltar las palabras categóricas y punzantes de Jesús: “VEN, Y SIGUEME”… Nada de lo que podamos hacer, por muy bueno o muy filantrópico que sea nos puede acercar a la vida eterna.
¿Podría alguno de nosotros compararse a este hombre? Muy “justo” y exitoso a los ojos de su pueblo… Jesús no le estaba pidiendo que hiciera una buena obra social como prueba de su piedad… sus riquezas eran el impedimento más grande para que pudiera seguirle…
¿Que cosa nos falta a la mayoría de nosotros? Quizá no tienes riquezas, pero habrá algo que te impide seguir a Jesús… Quizá eres muy piadoso, muy religioso, pero te falta la cosa. Quizá es tu propio sueño, tus mejores aspiraciones, una persona, una idea…

¡Vende lo que tienes! Vende lo que te impide seguir al Maestro… No se puede seguir a Jesús si antes no renuncias a la misma vida (Mt. 10:39)

Luego, al seguir a Jesús íntegramente, cumplir los mandamientos y compartir con los pobres ya no será una tarea por hacer con el fin de lograr la vida eterna, sino que se convertirá en nuestra conducta diaria y espontánea al ser aprendices de Jesús.
¡Te invito a que sigamos, lo más cerca que podamos, al Dador de la vida eterna!


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