La parte “b” de Hechos 1:8

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Hechos 1:8 es un versículo famoso en la Biblia, citado cuando se enseña sobre poder del Espíritu Santo, o evangelismo, o misiones. No es raro verlo como lema en alguna conferencia misionera. No pretendo hacer una exégesis rigurosa del texto, es más que obvio lo que dice, pero sí quisiera hacer un llamado de atención a la parte “b”.

A “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo,

B y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

Para comenzar, son palabras de Jesucristo (léase “Jesús, el Cristo” por favor). Desde pequeño solía escuchar cuando este texto era usado para enseñar sobre misiones foráneas, y creo que así es, pero más que ver con misiones o evangelismo (acto de hablar de Cristo con una o más personas), habla de un trabajo sistemático e intecional para demostrar que Jesús era el Cristo, el Mesías profetizado, el Señor de todo. Ahora, hagamos el ejercicio mental de ponernos “los zapatos” de los oyentes en el preciso momento que Jesús dijo eso, eran judíos escuchando al Señor decirles que depués de ir por Jerusalén y TODA Judea, deberían ir a Samaría. Si has leído Juan 4, o la historia contada por Jesús conocida como “el buen samaritano”, o cuando Juan (el amoroso) y Jacobo le dicen a Jesús que pedirán que descienda fuego del cielo para consumir un poblado de samaritanos por no querer recibir al Maestro, podrás deducir que los samaritanos no eran “gratos” a los originarios de Judea. En realidad se detestaban unos a otros. No había relación amistosa entre ellos. Los judíos evitaban juntarse con un samaritano, para ellos estos era un pueblo de usurpadores que decían adorar al mismo Dios, decían tener por padre a Abraham, y tenían su propio lugar de adoración y un sistema litúrgico similar. De hecho, quiza un extranjero podría confundir a ambos pueblos si observara sus prácticas religiosas. Pero un judío sabía que un samaritano era habitante “non grato” de su territorio. ¿Querría un judío ir donde los samaritanos?

Más allá de un lugar o territorio, Jesús busca a las personas, la gente. Jesús no se refería a ir a un lugar por el lugar mismo, sino a la gente de ese lugar, a eso se refería con ir a Samaria seguramente. ¿Cómo les cayó esto a sus discípulos? Primero deben ir a Jersusalén, a TODA Judea, pero también ir a aquellos que eran despreciados por ellos.

¿Quién en “tu mundo” sería tu “Samaria”?, o para tu iglesia, o para tu familia? ¿A quiénes crees que deberíamos ir y serles testigos del reino de Dios? ¿Vamos solo a quienes nos son agradables o convenientes? ¿Iríamos donde los despreciados por nuestra “cultura”?

Samaria no era un lugar alejado de Judea, en realidad no se consideraba un país vecino, mucho menos lejano, eran pueblos muy similares y estaba en una franja de terreno que cabría dentro de El Salvador, como decir San Salvador y Chalatenango.

¿Ves el punto de Jesús? Debemos ser testigos a nuestros vecinos, pero también a aquellos que consideramos “menos” o que son despreciados por nuestra sociedad, y es que no hay mejor manera de demostrar el reino de Dios que ir donde los pobres, los marginados, los enfermos, los que consideramos de “baja categoría”.

¿Cuál es tu Samaria?

La parte de B de Hechos 1:8 cierra con “hasta lo último de la tierra”. A Jesús no le interesaba que conquistáramos territorios, Él veía las multitudes como ovejas sin pastor (una figura mesíanica), para Él lo que importa es la gente. Así que, tan válido como ir a lo más remoto de la tierra, ir a “lo último” es ir a aquellos que, más que despreciados por la sociedad, consideramos “lo último” a lo que estaríamos dispuestos a ir con el Evangelio.

“Lo último” pueden ser aquellos que pensamos que ni siquiera merecen que invirtamos el más mínimo esfuerzo por llegar donde ellos. Lo último es lo último, es aquella persona que pensamos que no tiene remedio, que no tiene ya esperanza, que han sido desahuciados por la sociedad.

Samaria y lo último de la tierra seguramente serán la “parte B” de nuestros planes, los que evitamos ir, y Jesús nos envía precisamente a los que están en el lugar más alejado de nuestra lista de preferencias.

Cuidemos de ir solo donde los nobles, los de buen nombre, los pudientes, los poderoso, los ricos, Jesucristo vino para todos, Él mismo dio ejemplo yendo a los samaritanos y tocando a los “intocables” de la sociedad.

Tenemos que ser testigos en Samaria, aquellos que despreciamos, y hasta lo último de tierra, aquellos que consideramos precisamente eso, los últimos a quienes iríamos.

Jesucristo vino por nosotros, y no precisamente eramos o somos las mejores personas. Ejemplo tenemos de nuestro Rey.

 

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