La bendición de tener un Buen Padre.

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Imposible como ser humano querer ser un padre como lo es Dios, pero por medio de Jesús es posible, “el reino se ha acercado” o “las leyes celestiales de la vida están disponibles para aquellos que deseen vivir de acuerdo a ellas por medio Jesús”.

Lo he visto en el ejemplo que mi papá me da, aún sin conocer al Jesús él siempre trató de ser el buen padre que él mismo no tuvo. Este día Juan Flores, mi papá, cumple 76 años y aunque lo he visto lidiar con otras dificultades en la vida, este año ha tenido que caminar sobre las olas tormentosas al serle encontrado un tumor cancerígeno. A Dios gracias lo más duro de la tempestad pasó, ahora sigue el tratamiento preventivo prescrito por los médicos.

Una dura prueba para él, un tiempo difícil para mí, para mis hermanas y sobre todo para mi madre. Pero Dios es Magnífico y Bueno, su fidelidad excede nuestras expectativas, asombra nuestras mentes y conforta el corazón que sufre.

Debo confesar que, aunque siendo un adulto ya y padre de familia, el temor por perder a un padre que ha sido tan bueno, fiel y ejemplar por momentos me ha turbado. Y es que mi padre, desde su coversión hace ya más de 30 años, ha sido radical al dejar aquello que significaba “hacer las cosas a la manera del mundo” y persiguió aprender cómo hacer las cosas y vivir la vida “según Dios”, es un verdadero ejemplo para mí.

Agradezco a Dios por haberme dado un padre como él, obviamente el no podría ser lo que es sin la guía de Dios y la gran ayuda idónea que siempre ha sido mi amada madre para él. ¿Cómo no estar agradecido por unos padres como ellos?

Y aunque ninguno de nosotros quiere separarse de aquellos que amamos y que nos aman, en muchas ocasiones nos “separamos” antes del tiempo.

Como hijos, muchas veces vivimos “separados” de nuestro Padre Celestial y eso debería turbarnos más que cualquier otra cosa. Pasamos tan atareados u ocupados en este mundo que olvidamos que tenemos el Padre Perfecto que quiere y desea tener comunión con nosotros, sentarse a platicar, darnos un consejo, escucharnos, enseñarnos un lección de vida, o sencillamente reir al contar anecdotas pasadas. Y no es sino hasta el momento que sentimos que “lo estamos perdiendo” que nos damos cuenta que no hemos valorado cada momento con Él, que desde el primer latido de nuestro corazón el Padre estuvo pendiente de nuestra vida, que ha estado en los momentos más críticos y en los más felices, porque Él es el Buen Padre, si mi papá ha sido muy bueno como tal, imagina lo que Dios ha sido como Padre.

La cosa más importante que mi papá me ha enseñado con el ejemplo es a considerar a Dios en todo y sobre todo, no hay plática con mi papá que no incluya hablar de Dios, y es que he podido ser testigo de la comunión cercana y el temor que mi papá ha tenido con Dios, y si esa es la cosa más importante y la clave para ser un buen hombre y para ser un buen papá, quiero considerar a Dios como la persona más importante de mi vida, sólo así he de considerar  a mi familia, a mis hermanos en Cristo, a mis vecinos, a la sociedad en general, aún a los más rechazados de ella, como personas importantes también. Y es que si Jesús murió para salvarles, significa que son valiosos para Él.

Gracias papá por enseñarme, con hechos y no sólo palabras, que no hay mayor bendición que la amistad con el Padre Celestial.

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