He trabajado creando y refrescando imágenes por muchos años… al haber trabajado en publicidad y cuando los principales medios publicitarios por las últimas décadas han sido los visuales, el saber usar imágenes, fotos, logos, tipos, formas, colores, etc, todo lo que sea gráfico, ha sido una ventaja profesional para mí.
Me encanta “hablar” con imágenes. Comunicar o al menos dejar una impresión en un sólo vistazo ha sido siempre mi especialidad, bueno sonaré algo “falto de modestia” pero, al final de todo, y después de más de 20 años de experiencia, es lo que mejor sé hacer.
Y tuve éxito, llegué donde me propuse en el ámbito profesional, digamos que, había descubierto la fórmula para ser respetado por mi trabajo, pero donde no pude lograrlo es en mi propia personalidad… la impresión que a veces he dejado no ha sido la mejor, al menos no la que yo quisiera haber dejado. Y lo lamento muchísimo, porque si “una imagen vale más mil palabras” es cierto, diga lo que diga, mi imagen dice otra cosa.
Por suerte en un pieza gráfica, en una foto, en una ilustración, puedo usar Photoshop para modificar y corregir… no existe un “Photoshop” para un temperamento como el mío, o para la “imagen” que me he forjado.
Lo único que queda, según el Libro de las Palabras de Vida, la Biblia, hay que quebrar ese vaso, pues no sirve si no se quiebra y permitir que el Perfecto Artista Alfarero haga una nueva obra.
No vale solo maquillar la “imagen”, hay que “rehacerla” completamente… y muchas veces lo que me ha tocado en el trabajo es darle “delete” y enviar al “trash” cosas que no funcionan, es decir, que no cumplen los requisitos de la obra requerida.
No queda de otra…
Desde ahora entro a un proceso de “remake” de mi imagen… no basada en un “montaje” nada más… cambios mucho más profundos.
Al fin y cuenta, debo ser autocrítico con mi propia obra, mi propia imagen, pues ante todo el profesionalismo.

A todos nos falta llegar a “la imagen”… aquella a la que hemos sido llamados a conformarnos… a la imagen de Jesús.
Bienvenido al club!
J.-