Tierra que “fluye leche y miel” o “tierra de gigantes”…

“Mi siervo Moisés ha muerto” (Josué 1:2a)… estas son las primeras palabras que escucha Josué de parte de Dios. No muy alentadoras por cierto, desde el punto de vista humano claro. Aquel respetado y amado Moisés que guió a esta generación por el desierto durante 40 años para llevarlos a la tierra prometida ya no estaba. Moisés era el paladín de este pueblo, era el líder político, religioso, militar que toda nación desearía tener. Así que escuchar de Dios “MI siervo Moisés ha MUERTO” seguramente martilló esta realidad en la mente de un nuevo líder, que si bien era servidor de Moisés, aun no tenía el peso y autoridad que Moisés tuvo. Y Dios le recuerda cual es la misión, cual es el destino: La tierra que Él había prometido a su pueblo. Luego Dios le enseña a Josué que la autoridad no radicaría en él, sino en su relación con la Palabra de Dios, la Ley. Ahora Josué debe poner en marcha su fe, porque la fe es acción, no es un sentimiento nada más, la fe produce, por tanto debe moverse.

Pero el temor ocasionado por los 10 espías que, junto a Josué y Caleb, fueron enviados 40 años atrás por Moisés aun podía estar presente en la mente de aquella generación, niños y jóvenes, o no nacidos aun, seguramente habían escuchado las historias de aquellos 10, de como iban a una “tierra que fluye leche y miel” o una “tierra de gigantes”, dependiendo la perspectiva con que la ves.

Cuando Dios te da una misión que cumplir y una tierra por heredar el enemigo vendrá a regar “rumores” para desanimarte y hacer que te regreses. Pasar el Jordán y poser la tierra implicaba atreverse y tener fe. Cruzar el Jordán significaba declarar la guerra a los que habían usurpado la tierra del Señor. Algunos de esos habitantes parecen gigantes cuando los comparas a tu estatura. Josué y Caleb los compararon con la estatura de su Dios y podían estar seguro que era fácil tomar la tierra. Estaban seguros de poder lograrlo porque sus ojos miraban hacia arriba “donde está Cristo”. Esos gigantes delante de Dios eran “como langostas”.

Nadie sabe a que se va enfrentar durante los años por venir, pero ten por seguro que si has escogido cruzar el Jordán y entrar a la tierra que “fluye leche y miel” vas a hallar oposición. Pero, dependiendo de en quien está puesta tu confianza así será la manera de como ves los desafíos, y el tamaño de estos desafíos.

Tantas veces he sido como aquellos 10 espías, he considerado a los gigantes en la tierra, y mis ojos han ignorado al “Gigante” de la tierra, por ello mi corazón ha flaqueado. Dios prometió a Josué esto:

“Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida, como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente…” Josué 1:5-6a.

Animo! considera la grandeza de Dios antes de considerar el tamaño de tus desafíos, es decir de tus problemas, dependiendo de la perspectiva que los ves.

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