Luchando contra el “cáncer” del corazón…

No te alarmes!! sólo estoy usando la palabra “cáncer” para ilustrar lo destructivo que puede ser la falta de perdón hacia una persona. Te comparto algo muy personal a manera de testimonio de la gracia y el poder sanador de Dios.

El cáncer es una enfermedad mortal muy común ahora en nuestra sociedad. Hemos visto personas sobreponerse y otras sucumbir ante su destrucción. No hace falta hablar de sus síntomas ni de lo que termina provocando.

Hay una clase de “cáncer” del alma, del corazón que es muy destructiva… es la falta de perdón, que es igual a la amargura, el Salmo 73:21 dice “Se llenó de amargura mi alma, Y en mi corazón sentía punzadas.” Si buscas algunos post más atrás podrás leer la historia de Jenny y mi familia, una pequeña de dos años que nos robó el corazón y a quien pretendíamos adoptar. Dios quiso que eso no pasara y se dieron una serie de sucesos que terminaron afectándonos mucho, a todos en la familia. El proceso de sanar la herida fue lento y muy doloroso, ya mi pastor me había advertido que ese proceso es como cuando una pareja espera un bebé y hay riesgos de perderlo, tenía razón (casi siempre la tiene jeje!). Pero no estábamos preparados para lo que venía y nos cogió por sorpresa.

La herida sanó pero las cicatrices quedan, todavía hoy cuando veo una foto de la chiquita me quebranto. Ya no hablamos del tema en casa. Pero yo dejé que pasara algo por descuido. Mi corazón se lleno de rencor y amargura con la persona que de alguna manera nos engaño en este proceso. Y este rencor se fue haciendo grande y endureciendo lentamente mi corazón. Sencillamente dejé que creciera y perdí el control de la situación. Pero era de manera silenciosa, mi sufrimiento fue en silencio y de esa misma forma esta amargura manejada en silencio empezó a “matarme” por dentro.

Debo confesar que me estaba “secando”. Súmale a eso que a raíz del mismo proceso para ser un hogar sustituto en primera instancia los exámenes médicos revelan que sufría de “hipertensión” hasta el punto de que la andaba por 177/ sobre no recuerdo cuanto… inmediatamente me hice esclavo de una pastilla cada mañana y luego, hace poco que logro ser controlada, de una aspirinita antes de ir a la cama.

Pero Dios quería sanarme, pero debía pasar un proceso de “quimio” espiritual, para arrancarme las raices de amargura, hasta que una noche de jueves luego que Chief predicara sobre el perdón, Dios me hizo ver a quien debía perdonar, no pedir perdón, debía perdonarla en mi corazón y descargarla de toda culpa. Y eso hice esa noche, me arrodillé y le pedí perdón a Dios por sentir eso. Y delante de Dios perdone a tal persona liberándola de toda responsabilidad. Sentí que un tremendo peso se me quitó de encima. Y luego de eso el proceso de salir del desierto en el cual andaba dando vueltas comenzó, volví a ver la “tierra que fluye leche y miel”, mi visión espiritual comenzó a aclararse, mi corazón ha ablandarse… y me sentí “retoñar” nuevamente.

La falta de perdón es un pecado. Yo estaba en ese pecado, pero Dios me perdonó. La falta de perdón puede conducir a “consumir” nuestros huesos, aun nuestra salud se deteriora.

Si estás pasando por un desierto espiritual y sientes que te estás secando, detente por un momento y revisa en tu corazón si acaso no tienes falta de perdón hacia alguien.

La oración del Padre Nuestro como tú la conoces dice en una parte: “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amen. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padres celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro padre o perdonará vuestras ofensas.” Mt 6:12-15

No perdonar a alguien es como achacarle una deuda. El “cáncer espiritual” puede matarte sin que se te detecte. Puedes verte bien por fuera pero estarte pudriendo por dentro.

1 Pedro 5:8-11

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”

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